PRENSA INDEPENDIENTE
Agosot 2, 2004
 

ECONOMIA INFORMAL
Otro dogal a cuentapropistas de Pinar del Río

LA HABANA, 1 de agosto (Reinaldo Cosano Alén / www.cubanet.org) - La Oficina Nacional Tributaria (ONAT) ha dispuesto que a partir del 8 de agosto del actual año todos los trabajadores por cuenta propia de la localidad tendrán que ser simultáneamente trabajadores del Estado, y sólo después de cumplir la jornada laboral podrán dedicarse a los menesteres de prestación de servicio a la población, a pesar de estar autorizados a ejercer la profesión privada por el Estado, al que tributan invariablemente.

También a partir de ahora los cuentapropistas están en la obligación de renovar la engorrosa documentación de la licencia comercial, aunque esté en perfecto orden, como si fuera por primera vez, cada dos años.

Se introduce, además, con carácter permanente, cada dos años, la presentación a la ONAT de la autorización del Instituto de la Vivienda por el uso de la propia vivienda del cuentapropista con fines comerciales, aunque posea la propiedad del inmueble, y con la equivalencia de un nuevo impuesto añadido, pues tiene que abonar alrededor de 340 pesos por año.

"Lo más irritante resulta que nos comunican todas esas imposiciones restrictivas de repente. Nos dan un plazo desde el 8 de julio al 1 de agosto, menos de un mes, para gestionar y encontrar trabajo, cuando las plantillas de las empresas están saturadas y hasta infladas. Y precisamente en estos meses de verano, en que casi todo el personal burocrático está de vacaciones. Los de la ONAT fueron categóricos: ¡Quien no presente los documentos el primero de agosto, se le retira la licencia!", expuso Alberto Suárez Hernández, cuentapropista de esa localidad, fuente de la información.

"Los trabajadores particulares -añadió- brindamos a la población productos y servicios que el estado no es capaz de garantizar, o sólo irregularmente, y no nos vende útiles ni materia prima para nuestro trabajo".

Entre las prestaciones de servicios a la población de Candelaria que ofrecen los cuentapropistas, están: reparación de bicicletas, de fogones de keroseno y gas, ponchera, zapatería, artesanía, taxi, barbería, carpintería, gastronomía y mecánica automotriz que, paradójicamente, en toda Candelaria no existe ningún taller estatal que oferte ese servicio a la población. Tampoco de reparación de coches tirados por caballos, principal medio de transportación interior.

"Hay un taller estatal de reparación de equipos electrodomésticos y electrónicos, pero por lo general no tienen asignación de piezas de recambio para resolver los problemas del cliente. La iniciativa privada es diferente. Buscamos las piezas donde sea. Yo compro radios y televisores en desuso para aprovechar sus componentes, o voy a La Habana y recorro sus tiendas para comprar las que el Estado comercializa. Conmigo es muy difícil que el cliente quede insatisfecho: reparación con calidad, buen precio y garantía", enfatizó Hernández Suárez, técnico de radio y televisión.

Los trabajadores privados de Candelaria están muy disgustados por las nuevas restricciones. Uno de ellos, que prefirió el anonimato, declaró a la prensa independiente:

"Es un abuso. No saben qué inventar para quitarnos la licencia. Si no cumplimos una sola de las normativas nos quedamos sin el permiso comercial. Encima nos caen los inspectores ¡No hay quien pueda con esto!"

Lázaro Lemus, del colindante pueblo de San Cristóbal tiene su propia historia: "Mi oficio es soldador. Aunque es tan necesaria mi labor, hace como ocho años que estoy desempleado. Cuando encuentro trabajo al poco tiempo me sacan, no porque trabaje mal o sea indisciplinado. Durante la obligatoria investigación descubren que soy activista de derechos humanos y me consideran 'no confiable'. Cada vez que he intentado obtener licencia para ejercer la profesión por cuenta propia me la niegan por esa misma razón política".

Después del triunfo insurreccional del primero de enero de 1959, comenzó la oleada de confiscaciones de empresas privadas, comenzando por las mayores y terminando con los pequeños negocios familiares, de lo que no escaparon el sillón de limpiabotas y el del barbero, segados por la hoz exterminadora de toda iniciativa privada de mercado.

La caída del bloque soviético, del que Cuba hizo casi absoluta dependencia económica, motivó tibias reformas en la década de 1990, cuando se creó una minúscula economía de mercado, aunque cercada siempre por los múltiples tentáculos del centralismo estatal.

De nuevo La Habana aprieta las clavijas a la iniciativa privada que, aunque casi pulverizada, demuestra su prevalencia en la libre competencia. Se ha anunciado que a partir de octubre sólo se mantendrán en vigencia 118 oficios, y no se otorgarán nuevas licencias a 40 renglones, aunque hace varios años fue paralizado el otorgamiento de permiso comercial por completo, desoyendo, incluso, un llamado al gobierno de La Habana de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) del presente año ("Política social y reformas estructurales: Cuba a principios del siglo XXI"), que recomienda dar libertades a la iniciativa privada cuentapropista, que representa sólo el 2,1 por ciento de la fuerza laboral.



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