|
OLA
REPRESIVA
Logra
algunas demandas Vázquez Portal
Testimonio de Yolanda Huerga Cedeño,
esposa de Manuel Vázquez Portal
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - El
7 de septiembre de 2003, mi esposo Manuel Vázquez
Portal, me llamó por teléfono desde
la cárcel de Aguadores, Santiago de Cuba,
para decirme que cesaría la huelga iniciada
ocho días antes, el 31 de agosto y que
sería trasladado nuevamente a la Prisión
de Boniato.
Con el alma en vilo me dirigí tres días
después hacia Santiago para llevar a mi
esposo alimentos y otras vituallas, pues él
había rechazado la jaba en la visita anterior
a la huelga, debido a que le quitaron la mitad
de los cigarrillos que yo le llevaba, las medicinas
y otros muchos productos que no aceptaron los
oficiales de la prisión.
Llegué a la ciudad con la idea de ir para
Boniato, ya que ahí era donde yo creía
que estaba mi esposo, pero a Ana Maria Escobedo,
quien amablemente ha brindado su casa a las esposas
de los presos políticos; se le ocurrió
llamar por teléfono a Cárceles y
Prisiones y en ese lugar nos dijeron que Manuel
aún estaba en Aguadores.
Hacia allá nos dirigimos Anita y yo, con
la incertidumbre de si tendríamos que regresar
cargadas con las pesadas jabas que llevábamos.
Ya en el centro penitenciario, una oficial me
dijo que alguien esperaba por mí; no obstante,
tuve que aguardar más de una hora para
que me atendieran.
Se trataba del oficial Ramiro, Madre Teresa de
Calcuta de la Seguridad del Estado, quien amablemente
me obligó a sostener un casi monólogo
con él, para comunicarme, entre otras cosas,
que Manuel tenía cuatro faltas graves:
el diario, los 'poemitas', el mitin del 13 de
agosto y la huelga, pero para que yo viera que
él no es tan malo como nosotros pensamos,
olvidaba esas indisciplinas. Claro, que yo debía
saber que la Seguridad del Estado todito lo anota
y en caso de que hubiera en el futuro un proyecto
de mejoras con respecto a los 75, por ejemplo,
un acercamiento a sus provincias -porque no es
lo mismo estar en Santiago que en Matanzas- pues
si yo me porto bien y no hago esas declaraciones
a la prensa, que le hacen tanto daño a
Vázquez y si, ya que él me quiere
tanto, yo lograra convencerlo de que respete la
disciplina, pues hasta a lo mejor me conceden
el beneficio de que mi esposo cumpla sus 18 años
cerca de La Habana.
Este señor, que casi constantemente estuvo
a mi lado en el Penal, no dejaba de decirme lo
bondadoso que es en realidad y que nadie puede
decir que él no hable mucho con la gente
antes de tomar otras medidas. Hasta en una ocasión,
en que me explicaba las características
de la oposición en Cuba, me dijo que a
la Revolución sólo se la tumbaba
de dos maneras
Yo al oír esto agucé
los oídos, pero se interrumpió bruscamente
y no llegó a enseñarme cuáles
eran esas dos formas.
Entonces trajeron a mi esposo, sin esposas ni
grilletes, y pude darle un abrazo grande. Nos
dejaron ¡solos! en la oficina del Jefe del
penal unos quince minutos. Luego apareció
Madre Teresa de Calcuta y dio por finalizado el
encuentro. Se llevaron a Manuel, sin esposas ni
grilletes, y a mí me acompañó
hasta la entrada de la cárcel el magnánimo
Ramiro, quien me reiteró la incomprensión
de que era víctima por parte de los opositores.
Más tarde, cuando yo ya me encontraba
en casa de Ana María Escobedo en compañía
de Dolia, la esposa de Nelson Aguiar (que sólo
pudo verlo unos minutos) apareció Madre
Teresa de Calcuta de la Seguridad del Estado para
decirme que me habían concedido una visita
a Manuel al otro día y, haciendo gala de
su infinita bondad, me aconsejó que le
preparara alguna carnecita para que se alimentara.
Al otro día, después de esperar
durante dos horas en la antesala de la prisión
vino el seráfico Ramiro lamentándose
profundamente de haberme hecho esperar, y me condujo
junto a mi esposo a una oficina preparada para
el encuentro. Allí Manuel me habló
de algunos logros que tuvo su huelga: televisión
cuatro horas a la semana, lo sacan sin esposas
ni grilletes; la comida, aunque sigue mala no
está descompuesta, se le permitió
una visita extra de más de una hora, la
jaba la dejaron entrar completa, no sacaron nada,
la celda de aislamiento más amplia (ya
no tiene el retrete a cinco centímetros
de la cabeza) aunque en semejantes condiciones
a las de Boniatico (el techo tiene goteras, hace
mucho más calor, las alimañas se
mantienen, etc.)
Lo más importante fue que la huelga llamó
la atención de la comunidad internacional
en cuanto a la protesta de los presos de conciencia,
por las infrahumanas condiciones a las que están
sometidos.
También me contó mi esposo que
en la pared de su celda dibujó una bandera
cubana, una palma y una rosa blanca y debajo escribió:
"La patria es ara, no pedestal", y después:
"El pueblo que soporta una tiranía,
la merece".
Terminó mi visita a Aguadores, la cárcel
adonde trasladaron a mi esposo por la huelga de
Boniatico. En la boca me quedó un amargo
por el que dejaba, pero también una sensación
dulcísima por su amor a la Patria.
|