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POLITICA
La
vida secreta de Adolfo Hitler
LA HABANA, septiembre (Tania Díaz Castro
/ www.cubanet.org) - Mucho antes de que Adolfo
Hitler muriera, habían muerto todos sus
sueños. Los más absurdos, los más
posibles.
Vivió una juventud libre de toda preocupación
monetaria. Su padre fue dueño de tierras
en Austria, mientras que el joven Hitler rechazaba
todo tipo de trabajo común, cualquier esfuerzo
para ganarse la vida al estilo burgués,
como hicieron en cambio sus hermanastros. Evadió
el Servicio Militar y se trasladó a Viena
para estudiar. Allí, alquiló una
habitación en una casa de huéspedes
gracias al dinero que recibía de su familia.
Desde entonces soñaba con ser algo distinto
al resto de sus amigos.
Comenzó a interesarse por la política
y jamás frecuentó cervecerías,
bares o cafés de la Viena imperial, una
ciudad esplendorosa donde Hitler descubrió
su odio por los judíos ricos y cultos,
por las fiestas con baile y música de la
sociedad vienesa, los coches de lujo, los elegantes
oficiales, los buenos modales, todo lo cual consideraba
como debilidades burguesas.
Un poco después, este sagaz dictador,
poseído de un profundo sentimiento de superioridad
desde muy niño, fundó organizaciones
represivas y echó mano de todos en Alemania,
interviniendo en sus vidas, así fueran
hombres humildes o sabios.
Sin embargo, mantenía en secreto su vida
privada y como controlaba toda la prensa del país,
jamás se filtró algo concerniente
a la misma. Quienes lo trataron en la intimidad
cuentan que se volvía loco de furia cuando
alguien lo contradecía o cuando le informaban
algo que le molestara Llegó a confesar
en la intimidad que con su oratoria podía
dominar a las masas, ya que las mismas eran un
elemento femenino. "Por eso -dijo- hay que
trastornarles el seso, como se le hace a las mujeres
que se entregan".
Las mujeres de Hitler, que disfrutaban de elegantes
residencias pertenecientes a familias expulsadas
del país, jamás fueron del conocimiento
público. Ni siquiera Eva Braun, con la
que mantuvo una larga relación amorosa
y quien se suicidó con él en abril
de l945.
Algunos biógrafos han afirmado que Hitler
tuvo amores ocultos con su sobrina Angelika, quien
se privó de la vida en 1931 en una de las
viviendas privadas del Fuhrer.
Convertido en el único presidente, jamás
mencionó la buena conducta que asumió
en sus meses de prisión tras intentar tomar
el poder por la fuerza. Allí, recibió
regalos, visitas, correspondencia y la tranquilidad
que necesitaba para leer y escribir su libro "Mi
lucha", donde expuso su programa, que consistía,
entre otras cosas, en incautar empresas privadas,
hacer una reforma agraria, ampliar el sistema
de enseñanza y crear un ejército
nacional.
Dueño absoluto de Alemania, Hitler suspendió
todos los derechos civiles fundamentales y aplicó
muchos de los conceptos de uno de sus libros preferidos
desde su más temprana juventud: "La
psicología de las multitudes", de
Gustave Le Bon. Por eso jamás aceptó
presentar a una mujer a las masas, con el fin
de que lo amaran y admiraran todas las mujeres,
y tuvo mucho cuidado de que sus discursos fueran
verdaderos espectáculos, con música
de Wagner, banderas, comparsas y niños,
para provocar un estado de embriaguez, porque
Hitler no necesitaba de razonadores, sino de creyentes.
Como sólo le importaba el poder, a pesar
del deterioro económico que sufría
Alemania, expresó que su único deseo
era que su Estado durara mil años. Tres
años antes de su muerte comenzó
a padecer de mareos, atribuidos al mal de Parkinson,
enfermedad que altera las facultades mentales.
Su inteligencia, dotada de gran agilidad, comenzó
a sufrir un progresivo aniquilamiento. En sus
últimos momentos, maldijo al pueblo alemán.
No concebía que muerto él quedara
el pueblo con vida.
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