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SOCIEDAD
El
no-no
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - No
piense que va a leer la descripción de
un proyecto político contra Castro. Ni
piense que escribo acerca de Manuel Vázquez
Portal -ex condiscípulo en las aulas universitarias
y colega en la prensa independiente más
tarde- o de Normando Hernández, a quien
recuerdo con los ojos luminosos y los brazos cargados
de ejemplares de una revista de calidad muy decorosa,
ambos encarcelados por el hecho de escribir la
verdad de Cuba.
Sencillamente permítame comunicarle la
existencia de un invento cubano que de seguro
usted desconoce. El no-no debe su nombre a un
personaje de telenovela brasileña, cuyo
rasgo característico era el ahorro.
Resulta que hace unos días, al visitar
a Dulce, familiar cercana recién instalada
en la capital, me invitó a tomar café,
a lo que accedí con gusto. Pasé
tras ella a la cocina y luego de preparar la cafetera
tomó una latica redonda de 5,3 centímetros
de diámetro, y apenas dos de alto -¡oye,
chiquitica!- le echó un poco de alcohol,
la encendió, le colocó encima la
cafetera, y me dijo que enseguida probaríamos
un buen café del Escambray.
Entonces fue que fijé mi atención
sobre el pequeño utensilio, el diminuto
fogón desconocido para mí.
- ¿Y eso qué es? -interrogué
azorado.
- Pues un no-no -respondió con aire de
quien todo lo sabe.
- Pero, ¿eso qué es? -insistí.
- Pues nada más que una latica de comino
vacía a la que le abrí nueve orificios
en la tapita y otros en toda la circunferencia
lateral, le echo alcohol como viste, tanto como
medio dedo, lo enciendo, coloco encima la cafetera,
y entre 7 y 10 minutos ya coló el café.
- ¿Y quién inventó eso?
¿Salió del Amazonas? -inquirí
para calmar mi curiosidad.
- No, hijo, no es más que para ahorrar
alcohol. Con un mínimo de alcohol puedes
hacer café, hacer una tortilla de dos huevos,
hervir un jarro de leche o freír un huevo.
-¡ Candela!, ese invento me dejó
el cerebro vacío; o mejor, se le quedó
vacío al que lo inventó -exclamé.
- Ni creas... el inventor seguro tenía
el estómago vacío y ningún
combustible con qué cocinar. ¿No
sabes tú de la falta de combustible que
se sufre en provincia?
Quedé asombrado por un buen rato, contemplando
cómo colaba la cafetera, cómo se
apagaba el no-no, pensando a cuánto empuja
la miseria.
Sí, y usted estará de acuerdo conmigo,
que inventar a partir de lo ya inventado -la latica
de comino- un nuevo utensilio es luchar por sobrevivir.
¡Caballeros, qué no inventa el cubano!
cnet/29
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