PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 4, 2003

ECOLOGIA
La degradación de los suelos en Cuba

LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - La degradación de los suelos en Cuba tiene vieja data en su historia de quema, monocultivo y abuso de fertilidad, acentuada en las cuatro últimas décadas, como lo demuestran datos y cifras.

Pero, además, está la compactación, salinización y acidez de los suelos, que dan por resultado que el 76 % del área de agricultura del país sean tierras escasamente productivas, al extremo que oficialmente ha sido declarado que 11 de las 14 provincias del país están afectadas, especialmente las cinco provincias orientales y la extensa provincia Camagüey.

A lo anterior se suman serios errores en el manejo de la tierra, como la creación de la llamada Brigada Invasora Che Guevara, que con equipos pesados fue "buldoceando" -arrasando- miles de hectáreas de pastizales y bosques; la deforestación y revertimiento de cultivos tradicionales, para en su lugar sembrar caña de azúcar para la catastrófica y nunca lograda zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar; la creación de pedraplenes, que atacan el medio de dos maneras: echando al mar cientos de miles de toneladas de rocas y tierra, irrecuperables, y alterando el equilibrio del movimiento de las olas y temperatura (intercambios) que afecta a las especies vivas costeras; la extracción en cantidades enormes de piedras y arena (de río y mar) para construcciones y la exportación, y la creación de grandes y pequeñas presas acuíferas con la intención de almacenar agua para el consumo humano, animal y agrícola.

Hasta aquí, nada diferente a lo que hacen tantos otros países con la misma buena intención; pero con la diferencia de que en Cuba, excepto el Cauto, el río más extenso, todos los otros, e incluso el propio Cauto, presentan poco caudal y el cauce es muy bajo, de manera que cualquier presa se "bebe" en un santiamén toda el agua disponible y, cauce bajo, es sólo lecho seco, o acaso sólo un hilillo de agua.

Hoy, prácticamente todos los ríos y arroyos están urgidos de saneamiento mediante dragado, limpieza y reforestación de sus márgenes, y se hace necesario eliminar o disminuir al mínimo la carga contaminante, todo lo cual, por supuesto, redunda en la salud de los suelos.

Se dice que las presas piden libertad para sus aguas. Cierto. Baste señalar que en 1959 existían en nuestro país 13 presas, con un acumulado de 48 millones de metros cúbicos. Hoy existen 226, con un contenido entre real y teórico de 10 millones de metros cúbicos del precioso líquido. Huelgan los comentarios.

La creación de presas, que apenas pueden nutrirlas ríos y arroyos, se abastecen especialmente del tránsito de ciclones, huracanes y frentes fríos por nuestra isla y sus cercanías.

Otro aspecto que no puede pasarse por alto al hablar de suelo es la cantidad de tierra fértil que sucumbió en valles inundados para la construcción de las presas, lo que apena más al conocer que la Madre Naturaleza para formar un solo centímetro cúbico de tierra a partir de minerales y piedras necesitó 500 años.

Sin embargo, en el estado actual de las tierras en Cuba, en un solo aguacero se pierde una gran cantidad de tierra útil, al punto que, según especialistas y datos oficiales, actualmente el 76,8 por ciento de un total de 668,749 hectáreas de superficie agrícola de todo el país, es árida, poco o nada productiva.

Por lo mismo, resulta ahora anacrónica la afirmación de que las tierras de Cuba son fértiles.

"Desertificación y sequía forman parte del círculo vicioso entre subdesarrollo, pobreza y deterioro ambientales, además de constituir un grave problema económico y social", afirmó Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a propósito de la VI Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía.

Sin duda, palabras ciertas. Pero el actual gobierno no recibió, hace 44 años, un país tan seco, árido, ni con tan pronunciada desertificación, como ocurre ahora.

Incluso, la amplia región geográfica de las actuales provincias Las Tunas y Holguín, dos de las peores del país en cuanto a tierras baldías y escasez de lluvia -¿acaso sólo por cambios climáticos globales?-, era conocida hasta 1959 como el "Granero de Cuba", por las abundantes cosechas que se lograban en sus feraces tierras.

Entonces, ¿qué ha ocurrido en esta media centuria? cnet/12


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