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Prohibición
de venta de carbón perjudica a ciudadanos y al medio ambiente
LA HABANA, 9 de mayo (www.cubanet.org) - Autoridades de la provincia Las
Tunas han prohibido a los particulares la venta de carbón vegetal, a
pesar de que el Estado no lo vende. Alegan que los cuentapropistas no poseen
licencias. Pero el Estado tampoco se las concede.
A un vendedor de carbón que se dedica a esa actividad desde hace años,
en el barrio Marabú de la ciudad Las Tunas, le advirtieron que de
continuar el mercadeo no autorizado sería multado y su vivienda y muebles
serían confiscados.
El cuentapropista tuvo que detener la venta de carbón con disgusto
propio y el de los conciudadanos, quienes consumían el importante
combustible, y han calificado la medida como absurda.
La drástica prohibición no ha tenido en cuenta el servicio
social que prestan los cuentapropistas, quienes con medios propios acarrean el
carbón desde los hornos, en parajes muy distantes.
Los vendedores de carbón contribuyen a aliviar la extrema escasez de
petróleo, cuyos derivados la población tunera emplea en la cocción
de alimentos y para alumbrarse en zonas donde no llega el fluido eléctrico,
o son frecuentes los apagones. Esas necesidades no pueden ser satisfechas por la
estricta cuota racionada de un litro de keroseno per cápita mensual, de
manera que la venta ilícita de keroseno se ve estimulada por la prohibición
de vender carbón vegetal.
Otra razón que exponen las autoridades para impedir la elaboración,
trasiego y venta de carbón, es de carácter ecológico, y señalan
que este comercio supone la tala indiscriminada.
Sin embargo, los particulares alegan que el carbón vegetal que
producen tiene como materia prima al espinoso marabú, arbusto foráneo
perfectamente adaptado al país que como plaga indetenible invade los
potreros, y amenaza extenderse por las tierras abandonadas de los centrales
azucareros gracias a las semillas volátiles del marabú y su congénere,
el aroma.
Contradictoriamente, es aceptado el corte, trasiego y venta del marabú,
pero en forma de leña, no de carbón.
Quienes vendían carbón o venden leña, explican que su
labor no es dañina al medio ni a la economía del país, y
que por lo contrario proporciona mucho beneficio, ya que limpian manualmente los
potreros de la planta, sin necesidad de que el Estado tenga que emplear
operadores y equipos pesados automotores: buldozers y chapeadoras, grandes
consumidores de petróleo y otros insumos, pero que, además,
compactan mucho y negativamente las tierras. Los carboneros señalan, además,
que donde montan los hornos de carbón no vuelve a retoñar el marabú
por años.
No obstante, en el camino de Manatí a la playa Los Pinos hay grandes
hornos, casi siempre ardiendo, de la empresa forestal del estado, que emplea el
precioso mangle para la producción de carbón. Producen alrededor
de 500 sacos de carbón por horno. Emplean el mangle porque es madera muy
dura y gruesa (el marabú también lo es), concentrada, y el carbón
resulta muy "duro", con mayor contenido calórico cuando arde, y
tiene menos merma.
"El mangle amarillo rinde más, por ser su madera más
compacta que el blanco" -explica el joven tunero Neilán Núñez
Medina.
Añadió Núñez que en Las Tunas existe una gran
carpintería que fabrica bajo la marca LUDEMA muebles escolares y para
instalaciones turísticas, muy llamativos y fuertes, en cuya fabricación
emplea mangle y marabú.
La Organización de Naciones Unidas ha realizado llamados, e incluso
aporta conocimientos y ayuda financiera, para preservar el mangle costero como
elemento bio-regulador ambiental.
El mangle es un verdadero "motor" bioquímico que absorbe
gases nocivos y los convierte en oxígeno, y lanza humedad al espacio, en
tanto que en su entramado de raíces acuáticas, tallos y ramas
existen notables cadenas biológicas.
Las aves migratorias toman asiento entre los mangles, y al libar de sus
flores, las abejas producen exquisita miel. Los mangles serán un valladar
de contención de la presión del mar tras los anunciados grandes
deshielos polares y picos nevados.
Precisamente en la provincia Las Tunas se desarrolla un vasto programa de
repoblación forestal, al que han dado por nombre "Plan
Turquino-Manatí", del que no se ofrece mucha información. El
desmonte que se lleva a cabo desde hace siglos para destinar las tierras a
potreros y siembra de caña de azúcar, ha traído consigo el
desgaste de esas tierras, y han convertido a la región en uno de los
principales semi-desiertos de Cuba, donde las lluvias se han vuelto muy escasas.
En medio de la difícil situación natural y de la crisis económica
del país, los tuneros se internan con sus bicicletas, carretones o a pie
en las fincas abandonadas por la desidia para cortar el marabú, llevarlo
a los hornos y convertirlo en carbón que servirá para preparar la
cena
en tan oscura noche. cnet/12
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