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S.O.S.
urgente por el río Bélico
José R. Moreno Cruz, Grupo Decoro
SANTA CLARA, marzo (www.cubanet.org) - El río Bélico, de Santa
Clara, se ha contaminado severamente con una espesa capa de fuel oil, que ha
cubierto incluso parte de sus márgenes, arrastrada con las lluvias de los
últimos días.
Estupefactos quedaron los santaclareños al observar en el cauce del río
y a ambos lados de sus riberas, encima de la vegetación, los residuos del
hidrocarburo derramado seguramente por una de las fábricas vecinas o el
hospital clínico-quirúrgico "Celestino Hernández",
quienes vierten sus residuos albañales hacia la corriente fluvial.
La historia de Santa Clara cuenta que la villa fue fundada por varias
familias de la villa de Remedios en el año 89 del siglo XVII, alrededor
de un frondoso tamarindo encima de una colina limitada por los ríos Monte
y Sabana. El paisaje, de exuberante belleza, fue transformado gracias a la acción
antrópica con el paso de los años, e incluso la toponimia original
de los ríos cambió, para llamarse Bélico y Cubanicay
posteriormente.
El agua de los ríos era utilizada para dar de beber a los animales,
para regadíos, bañaderos y lavaderos de los habitantes de la
villa, primero, y ciudad. La señora Martha Abreu de Estévez, hija
ilustre de la región central del país, mandó a construir
varios lavaderos, muy cercanos a las cristalinas aguas de los ríos, bajo
la égida de sus dineros, para así ayudar a la población
santaclareña, muy especialmente para hacer más humano el trabajo
de las mujeres.
El río Bélico nace en el manantial Las Palmas, al suroeste de
la ciudad y se alimenta en su curso de otros manantiales. Pero en la época
de lluvia, con el escurrimiento pluvial, sus aguas alcanzan los niveles más
altos e invaden los patios de las viviendas cercanas, espectáculo
recibido con beneplácito, como símbolo de la mano divina, y el
consecuente favorecimiento a las cosechas, así como contribución a
la limpieza de la capital provincial.
En su cauce medio se destacaban las pocetas de Borrotino, Pentón,
Wencesalao y La Princesa. Estos eran los lugares predilectos de los niños
y jóvenes de aquel entonces. De sus aguas, los pescadores extraían
truchas, biajacas, jicoteas, etc., y con los aparatos de carburo alumbrando las
riberas de noche, se cazaban ranas toros de un ecosistema donde abundaban, además,
las palmitas de baja altura, anís estrellado, cundiamor y hasta cañabravas.
Lugar propicio para los reptiles, insectos, roedores y lagartijas, entre otras
especies.
Cuentan los más viejos que los lecheros inescrupulosos utilizaban las
aguas del río para aumentar el volumen del líquido a la hora de
las ventas, y que los patos de Quiroga, junto a sus gansos, vivían en su
medio natural sin preocuparse del ruido y los depredadores.
En 1961, cuando se construyó el alcantarillado de algunas partes de
la ciudad, el tubo receptor de las aguas albañales fue ubicado por uno de
los lados del río. Eugenio, trabajador de la Empresa Consolidada de
Acueductos y Alcantarillados Nacional (CONACA), era el encargado de destupirlos,
utilizando unas cadenas. Con el paso del tiempo las cadenas dejaron de pasarse y
los tubos comenzaron a verter los residuales a la corriente fluvial. Eran los
primeros años de la década del sesenta del siglo pasado, y así
comenzó la muerte del río Bélico.
En 1975 se construyeron las fábricas de productos lácteos y de
hielo, aledañas al cauce superior del río, y se levantó una
represa con el propósito de utilizarla como laguna de oxidación de
los residuales de las fábricas. La obra ingeniera acarreó, como
consecuencia, la disminución del caudal del Bélico, abastecido
desde entonces sólo por las aguas albañales de los barrios
vecinos. Las consecuencias han sido desastrosas, y el rellenamiento de las
irregularidades de su fondo no se hizo esperar. La población,
paulatinamente, ha vertido indiscriminadamente todo tipo de materiales,
incluidos los residuos de la construcción. Recientemente un buldózer
limpió el cauce del río, pero lejos de realizar una acción
positiva, hizo que se tupieran los drenajes artificiales.
Con las lluvias de este mes el río debió eliminar de su cauce
todos los residuos contaminantes acumulados durante la larga sequía para
deyectarlos en la presa Arroyo Grande Uno, todo un monumento a la contaminación
del medio ambiente en el territorio. Pero... sorprendidos los santaclareños
observamos, cuando bajó la crecida, que a ambos lados de la ribera, por
encima de la vegetación, se había almacenado una gruesa capa de
fuel oil.
La investigación realizada arrojó que los cientos de galones
de petróleo crudo derramado procedían de la cañada San
Carlos, que atraviesa parte del barrio Chambery, y que directamente procede de
la lavandería "La Villaclareña", situada en la calle
1ra. Oeste y Paseo de la Paz, del reparto 7 de Diciembre. Paradójicamente,
esta entidad estatal cumple un año de tener sus puertas cerradas a la
población, pero ahora acomete un mantenimiento constructivo general para
su puesta en marcha próximamente.
Aunque los directivos de "La Villaclareña" plantean que
ellos tienen una cisterna colectora de hidrocarburo derramado, la culpabilidad
es evidente. Vecinos de la institución sirvieron de guía a un
grupo de naturalistas interesados en el tema, para mostrar el derramamiento
producido debajo de la casa de calderas, y que corre por la cañada,
contaminando las viviendas vecinas. Ellos no entienden por qué tienen que
convivir con semejante contaminación, y por qué, si la prensa
radial, escrita y televisiva hablan constantemente de las medidas profilácticas
para cuidar y descontaminar el medio ambiente, la realidad a su alrededor es
otra.
Los vecinos quizás puedan reclamar, pero... el río Bélico,
ahora negro y lleno de moscas, ¿a quién reclama?
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