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Tirar la casa
por la ventana
Claudia Márquez Linares, Grupo Decoro
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - Comienza el vals. Las quince parejas de
jóvenes, con trajes del siglo XVIII cubano se mueven despacio al compás
de la música suave y romántica. Cuando la quinceañera hace
su entrada al salón, los padres se sienten complacidos al ver a la hija
radiantemente vestida. Los invitados sonríen, admirados por el espectáculo,
único en la vida de toda adolescente cubana.
Celebrar los quince, para los cubanos, tiene mucha significación. El
alquiler de trajes lujosos para jovencitas continúa siendo una costumbre.
No hay salario que pueda soportar la celebración del baile de quince.
Alquilar el salón y garantizar la vestimenta moderna de la quinceañera
puede sumir a cualquier familia en la ruina total.
Los preparativos comienzan. Las quince parejas ensayan con anticipación
los diferentes bailes para la coreografía de tan esperado día. Un
mes antes, la familia debe visitar las casas que se dedican a proporcionar
diversos sets para las fotografías. El decorado puede variar, desde un
bar bien acondicionado hasta una cascada con agua natural. Casi todas las casas
particulares cuentan con un fotógrafo y una peluquera o peluquero
profesionales. Se cobra, por las fotos y por los trajes y la bisutería,
entre 1,000 y 1,500 pesos.
Años atrás, el Estado garantizaba trajes de novia y de quince
en moneda nacional. Cuando el dólar hizo su aparición en Cuba, las
casas particulares tomaron la delantera alquilando trajes provenientes de Miami
que pueden costar desde 20 hasta 50 dólares, dependiendo del poder
adquisitivo de la familia y de los años empleados en reducir los gastos
de comida y ropa para llenar la alcancía. Por eso es muy común que
se comente de las familias que no tengan una entrada en dólares: ¡tiraron
la casa por la ventana!
Encargar el cake de los quince, conseguir dulces, refrescos, cerveza y algún
vino, debe estar amparado por una buena suma en dólares. Si la familia no
posee una cámara de video, deberá pagar alrededor de 25 dólares
al profesional que le sirva de camarógrafo el día señalado.
Los zapatos de la jovencita, si no son prestados, hay que comprarlos, cuestan
entre 20 y 50 dólares. La ropa moderna para después del vals casi
siempre es un jean y una blusa de vuelos que en total cuestan entre 20 y 30 dólares.
A nadie le quepa duda que bailar unos quince en Cuba cuesta "un ojo de
la cara". Si la quinceañera cuenta con una familia preocupada en
Miami o en cualquier rincón del mundo, se salva, pues con 400 dólares
es suficiente. De lo contrario, hay que acudir al mercado negro. Como la familia
de Raiza, que tuvo que empezar a vender carne de res ilegal para garantizar los
ahorros. El riesgo fue demasiado, pero lograron "tirar la casa por la
ventana".
Raiza pudo celebrar sus quince años como Dios manda (en Cuba). Si la
suerte no los hubiese acompañado, se enfrentaban a una condena de entre 5
y 17 años de privación de libertad. El delito: sacrificio ilegal
de ganado mayor. Lo que hubiera acabado con la armonía de la familia.
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