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Peligra el
mangle cubano
Reinaldo Cosano Alén
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - El mangle rojo, mangle prieto, patabán
y yana son las cuatro especies autóctonas cubanas de tan importante
planta costera, cuya importancia como reguladora del medio ambiente se empieza a
conocer. El mangle es, además, sostén de muchas formas de vida.
Todavía no ha sido posible valorar en toda su dimensión la
importancia de esta especie vegetal, que ocupa el 4,8 por ciento de la
superficie del archipiélago cubano, al preservar las tierras litorales y
como refugio ecológico.
Según datos oficiales, los manglares representan el 26 por ciento de
toda la flora del país. Pero esos ecosistemas se encuentran entre los más
dañados por una política anárquica que incluye dragados,
canalizaciones, represas, viales alfálticos, vertimientos de basuras,
escombros y sustancias químicas venenosas.
Mayúsculo crimen ecológico ha resultado la creación de
pedraplenes costeros para unir cayos e islas adyacentes en la plataforma, los
que han ocasionado cambios en los índices de salinidad, movimiento de las
olas y de la temperatura del agua. Las víctimas de este atentado a la
ecología han sido el mangle y las especies asociadas de la fauna y la
flora a las que da vida.
Los vertimientos del proceso productivo del mineral en las minas de níquel
y cobalto de Moa y de Lengua de Pájaro, al norte de la oriental provincia
de Holguín, han tenido un impacto tremendo sobre el mangle de esas
costas.
La falta de madera -el mangle es excelente madera dura- para reparación
y construcción de viviendas y muebles ha hecho a muchos poner sus ojos y
sus manos -autorizadas o furtivas- sobre la estimada madera.
La industria extractiva petrolera, por decenas de años, ha empleado
el mangle pulverizado en grandes magnitudes.
Una población yugulada por la pobreza, que reside en zonas apartadas
donde se da el mangle, ha tenido que recurrir a la rolliza madera para la
construcción de sus viviendas o como fuente energética en forma de
leña o carbón, al no disponer por lo general de otro tipo de
combustible.
La agricultura, requerida de postes y cujes para el tabaco tapado y otros
usos, precisa del mangle por su calidad superior y su durabilidad. La industria
maderera, por su parte, necesita no menos de un millón de estas plantas
desarrolladas, cuya plenitud puede estar entre los treinta a cincuenta años.
La curtiduría de pieles necesita del mangle.
El mangle puede proteger las costas de la isla, que por su configuración
estrecha y alargada, está a merced de los grandes desastres naturales. De
continuar el deshielo polar y aumentar el nivel de mares y océanos, el
mangle podría actuar como amortiguador de la avalancha de mar.
Esos bosques costeros tienen importancia capital desde otros puntos de vista
ecológicos: son fuente de enfriamiento natural del entorno al aportar
mucha humedad a la atmósfera; absorben cantidades de dióxido de
carbono atmosférico, principal gas que provoca el efecto invernadero;
origina una considerable masa de materia orgánica en cuyos sedimentos
encuentra vida toda una cadena animal y vegetal, sobresaliendo los peces, crustáceos
y caracoles. Muchas aves habitan en los bosques de mangle, y cuando por la
deforestación y sequía merman otros bosques, las abejas encuentran
su alimento en los manglares, lo mismo que miríadas de insectos.
Cuba ha recibido financiamiento del Programa MAB, de la UNESCO, para ayudar
a paliar los daños ocasionados a estos bosques, y se requerirá
sembrar cada especie de mangle en los sitios precisos que no sean tenidos en
cuenta por los planes de reforestación, según funcionarios del
Instituto de Ecología y Sistemática.
Esta información ha sido transmitida por teléfono,
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