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El sonido del
silencio
A Juan Carlos González, el único preso
político ciego de este mundo
Rafael Ferro Salas, Grupo Decoro
PINAR DEL RÍO, marzo (www.cubanet.org) - Cuando el custodio de la
prisión cerró la puerta de la celda, Juan Carlos se dio cuenta de
que era el hombre más solitario del mundo. A partir de ese momento comenzó
a descubrir que el silencio lleva un sonido. Es el tipo de sonido que los
reclusos conocen un día y después los acompaña toda la
vida.
Ahora puede hablar con el viento y se lo explica a su esposa en los días
de visita al penal, las pocas veces que le conceden visita por su condición
de preso político. La esposa sonríe con incredulidad. Juan Carlos
entiende eso de que ella sea incrédula cuando le cuenta que él
conversa con el viento. Los que no han estado presos tienen el derecho a
mostrarse incrédulos cuando alguien les dice que ha podido hablar con el
viento y escuchar los sonidos del silencio.
Anoche un preso lloró hasta el amanecer. Sufría un dolor de
muelas terrible. Nadie tenía una píldora para calmarle el dolor.
Es una celda ocupada por un centenar de reclusos. Alguien llamó al
custodio de guardia esa noche. Cuando se le explicó al guardia lo que
sucedía, se limitó a responder con ironía:
- Yo no soy médico. Tampoco estoy autorizado a dejar al enfermo ir al
pueblo a buscar un calmante.
El guardia se alejó, dejando en el pasillo una carcajada brutal.
Juan Carlos supo que siempre iba a recordar el llanto de aquel hombre. Lo más
triste del mundo es ver o sentir llorar a un hombre mientras otro se ríe
a su lado. Es peor si ese hombre que llora está preso.
Todo eso y más sucede en las cárceles cubanas. Es como un
silencio con un sonido interno. Una especie de ruido que sólo conocen los
que están adentro. Juan Carlos va tejiendo poco a poco esos silencios.
Los guarda desde su oscuridad perpetua para contarlos después, cuando se
llene de luz interior en una nueva Cuba por llegar.
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