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SOCIEDAD
"Combatiente"
LA HABANA, junio
(www.cubanet.org) - "Combatiente" es
el apodo que se ha ganado este mendigo capitalino,
que deambula por la ciudad con su espesa barba
y todo lleno de churre. El sol, el aire, el polvo,
la lluvia son los elementos naturales que siempre
lo acompañan.
"Bola",
como otros le llaman, como abreviatura de "Bola
de churre", fue militante del Partido Comunista
de Cuba, y luchó en las montañas
del Escambray contra lo que él llama bandidos
en algunas ocasiones y alzados en otras. Aún
mantiene su carné de miembro del único
partido existente en Cuba. Pero a duras penas
se pueden ver su foto y su nombre, Rolando. Los
apellidos y demás datos fueron borrados
por las condiciones a que ha sido sometido el
cartón rojo.
Nadie sabe a ciencia
cierta cómo "Combatiente" se
volvió loco. Lo que sí se conoce
es que cuando comienza a narrar sus historias
en los bares que frecuenta la gente lo escucha
y no le interrumpe. Otros le dan de beber "Ronda",
un ron que se vende a tres pesos en esta Habana
Vieja que parece caerse a pedazos.
A Bola la bebida
le está haciendo daño, comentan
algunos que lo escuchan a menudo. Otros, simplemente,
dicen que "Combatiente" se está
volviendo disidente, ya que últimamente
está cantando algunas verdades al régimen.
Ayer de tarde, bajo
un intenso aguacero llegó a la bodega contigua
al bar y sin haber ingerido bebida alguna, preguntó
dónde se vendía la leche y el arroz,
según había declarado el comandante
en Argentina. Un turista de esa nacionalidad le
había regalado un dólar, y él
quería gastar 50 centavos del dólar
en leche y 50 centavos de arroz, ya que según
lo expresado por Castro, con un dólar se
podían adquirir 104 litros de leche, al
precio de 25 centavos moneda nacional. "Combatiente"
sólo quería la mitad, 52 litros,
y con eso hacer una obra de caridad, para ver
si los santos le ayudaban a salir del trance.
Cuando el bodeguero
lo ignoró, exigió a todo pulmón
que se le atendiera o se quejaría al Comité
Central. Además, recordó a los presentes
que él luchó muy duro por la revolución
y tenían que hacerle caso.
Un teniente de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias se acercó
y le dijo, dándole una palmada en el hombro:
"Combatiente,
¿qué pasa? ¿Por qué
no va y se da un traguito para que se calme?"
Bola, con lágrimas
en los ojos le contestó:
"Ya es tarde,
amigo, ahora comprendo por qué estoy así.
Siempre creí, pero Fidel me mintió".
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