La Unión
Europea ha dicho basta
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - La Unión Europea le ha dicho
basta al castrismo. Ya era hora, luego de cuatro décadas de retozos y
coqueteos. Es mejor tarde que nunca.
Europa sufrió con las terribles aberraciones de un Robespierre y un
Marat, y luego vio cómo las consignas de libertad, igualdad y
fraternidad, que éstos enarbolaban, terminaron en un Imperio de opresión
e injusticias. Conoció además de las atrocidades del nazismo y el
comunismo, que en nombre de ideologías cometieron los peores atropellos.
Nadie mejor que Europa para no dejarse engañar por la falsa panacea del
comunismo caribeño.
Sin embargo, Europa también fue seducida por el legendario
guerrillero que bajó de la Sierra y por el mito del pequeño país
enfrentado al poderoso vecino norteño. Todo ello potenciado por alguna
dosis de antinorteamericanismo. El régimen cubano, por su parte, supo
aprovechar habilidosamente las diferencias de intereses y las inevitables
contradicciones entre la gran potencia del norte y las potencias europeas.
Pero al fin la vieja Europa ha tenido que fijar su posición frente al
tema cubano. No podía eludirlo si quería salvar su respetabilidad
y credibilidad.
El encarcelamiento de 75 personas condenadas a más de 1,500 años
de prisión en juicios bochornosos que no merecen tal denominación,
contra personas de probada vocación pacifista, y el fusilamiento de tres
jóvenes de la raza negra por el intento de secuestro de una pequeña
embarcación, pesan demasiado. Es la gota que colmó la copa. Sobre
todo en este hemisferio occidental, cuyos países suelen mirar a Europa
como a la hermana mayor en cuanto a sensatez y espíritu civilizador se
refiere.
Justo es reconocer, no obstante, que son estos países los que en
votación cerrada han venido levantando su voz en la Comisión de
Derechos Humanos de la ONU para condenar al gobierno cubano por la violación
de tales derechos. En esto, la conducta europea ha sido mucho más digna
que la de nuestros vecinos latinoamericanos.
Siempre me ha parecido hipócrita y carente de ética el
silencio de la comunidad mundial, y de Latinoamérica en particular, hacia
los atropellos del castrismo en materia de derechos humanos. Siempre lo constato
con la actitud que asumieron cuando la dictadura de Pinochet, a pesar de que aquélla,
a mi juicio, fue menos agobiante, más breve en el tiempo y menos
destructora con la nación chilena.
Las medidas de la Unión Europea son un duro golpe en el corazón
mismo del castrismo. A pesar de que hasta el momento sólo tienen
implicaciones políticas y diplomáticas, hacen blanco donde más
le duele al régimen cubano.
Quizás no tengamos que observar más en el televisor y en el
periódico Granma a altos funcionarios de la democrática Europa
congratulándose con las autoridades castristas en intercambios de
efusivos abrazos y estrechones de mano. Aunque tales acciones son propias de la
diplomacia, el gobierno cubano las presenta al pueblo como respaldo y
reconocimiento a su política. Además, siempre es feo ver la papa
podrida al lado de la papa sana o a la cizaña crecer entre bondadosas
espigas de trigo.
Nuestros disidentes y opositores serán más frecuentes en las
festividades de las embajadas europeas. Estas no serán privilegio
exclusivo de las autoridades gubernamentales y de los artistas y escritores
oficialistas, cuyo talento ha sido puesto al servicio del totalitarismo, razón
por la cual carecen de simpatía entre los hijos de este pueblo.
Esto hiere profundamente la vanidad de un sistema que no sólo exige
el aplauso ciudadano, sino que además recaba el asentimiento y las
congratulaciones foráneas.
Si el gobierno cubano estuviese inspirado en el noble propósito de
servir a su pueblo y fomentar su felicidad hurgaría en las razones que
motivaron tal cambio de actitud por parte de la Unión. Este grupo de
naciones constituye nuestro principal socio comercial. La reacción del
castrismo, no obstante, ha sido violenta, agresiva e insolente.
Tal actitud sólo augura mayores dificultades para un pueblo exhausto
de tantos sufrimientos y privaciones. cnet/03
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