Algo más
que un sabio maestro
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Cuando en 1892 José Martí
recorre las poblaciones de la Florida fundando el Partido Revolucionario vio que
en los hogares de los obreros cubanos había retratos de don José
de la Luz y Caballero. Y no podía de ser otra manera, ya que don Pepe,
como cariñosamente le llamaron los que le conocieron y trataron,
encarnaba en esos años el alma de la nación cubana.
Pocos como Luz y Caballero contribuyeron a forjar nuestra nacionalidad. Su
vida y obra marcó el siglo diecinueve colonial y sus principios pedagógicos
mantienen plena vigencia. Junto al presbítero Félix Varela y a José
Antonio Saco conforma la cúspide del pensamiento liberal que abriría
el camino para la independencia.
En la historiografía post republicana no se reconoce el debido mérito
de este prócer. Se le venera y recuerda como un gran pedagogo, como
maestro de la generación que más tarde iniciaría la epopeya
liberadora. Se le califica como un sabio maestro. Pero fue mucho más.
Además de brillante profesor, fue periodista, filósofo y
literato, y un agudo polemista que hizo época en la sociedad colonial.
Todos estos adjetivos le están reconocidos, pero también fue un
gran Patriota. Sí, Patriota, y con mayúscula. Muchas personas
tienen el criterio de que patriota es aquél que da su vida por su patria
en una lid política o militar. Pero patriota es mucho más que eso.
Patriota es el que hace Patria.
Y eso fue lo que hizo Luz. Pese a ser un hombre enfermo, dedicado por entero
a su trabajo, no rehuyó sus responsabilidades sociales. Por su actitud
ante el intento de expulsar a David Turnbull de la Real Sociedad Económica
de Amigos del País, la decisión del gobernador Tacón de
deportar a José Antonio Saco y las acusaciones que contra él
formularon en la llamada Conspiración de la Escalera, se ganó el
recelo de las autoridades españolas en la Isla, que lo tenían como
un desafecto.
Luz y Caballero nunca hizo política ni alentó ni propició
actitudes separatistas. Dedicó su vida y su obra a forjar hombres, la
materia prima de las revoluciones. En la práctica fue un antiesclavista
al no tener ningún esclavo, y liberal como él mismo se definía:
'"Todo joven ilustrado de nuestro tiempo es forzosamente un liberal. Por
consiguiente lo soy yo; mas nunca he sido indiscreto ni en mis palabras ni
en mis obras, ni jamás he entendido por liberalismo sino el sinónimo
de ilustración".
Para Luz hacer patria es preparar a los hombres de manera digna y virtuosa
para que sean capaces de dirigir sus destinos. Dedicó sus mejores años
a la educación, y sus conceptos y preceptos contribuyeron a la
transformación de la ciencia pedagógica en nuestro país. A
su colegio El Salvador las principales familias cubanas de toda Cuba enviaban a
sus hijos para ser educados, más que instruidos.
Esa fue la lucha de don Pepe por su patria. Él estaba consciente que
cualquiera podía empuñar un fusil o un machete, pero no todos podrían
dirigir una república. Con amor y sentimiento sembró la espiga de
la patria.
El 22 de junio de 1862 falleció en la biblioteca de su colegio El
Salvador, en la barriada del Cerro. Una gran manifestación de duelo se
extendió por toda La Habana. El entonces capitán general don
Francisco Serrano dictó un decreto que dispuso que su inhumación
tuviese carácter de duelo oficial.
Martí de él escribió: "Yo no conocí a José
de la Luz y Caballero, pero siempre veneré su memoria". Y en otro
artículo publicado en la revista El Universal de México expresó:
"Él había dado a su patria toda la paciencia de su
mansedumbre, todo el vigor de su raciocinio, toda la resignación de su
esperanza".
Hoy, en todos los hogares de cubanos, en el exilio y en nuestra tierra, hay
un retrato, un libro, algo de José Martí. El apóstol
encarna hoy para nosotros lo que don Pepe significó para aquella generación
heroica. cnet/27
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