PRENSA INTERNACIONAL
Julio 1, 2003

Caricatura del absolutismo

Andrés Montero Gómez, presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia. Diario Vasco. Julio 1, 2003


Hace poco tiempo, en alguna parte de América Latina, una conocedora de los intestinos del régimen cubano me ilustraba sobre la metodología más eficaz en la prevención del abuso de drogas. Conocer los intestinos de una criatura, el cómo dirigiere y metaboliza los productos que se convertirán en la fuente de energía que derivará en el comportamiento de un organismo, dice mucho sobre la fiabilidad de la comprensión que se atesora. Pues bien, la conocedora de Cuba, que por otra parte es una experta en toxicomanías, combinaba sus erudiciones multidisciplinares para afirmar que la vía más prometedora para acabar con el abuso de drogas pasaba por el adoctrinamiento. Por el adoctrinamiento en conductas de promoción de la salud, se entiende.

Dicho sea de paso, conozco personalmente Cuba a partir de un viaje donde estuve el 75% del tiempo dedicado a laborar, no se vayan a pensar. A mis anfitriones les pregunté una tarde con curiosidad, mientras un transporte me llevaba de regreso al hotel, por qué los uniformes de los colegiales eran de diversos colores. Resulta que las personitas que allá cursan lo que aquí equivaldría a la Educación Secundaria salían de las escuelas pintando el entorno como si de repente el paisaje urbano de La Habana tomara el capricho de un lienzo impresionista. Unos grupos de niños y niñas vestían uniformes rojos, otros verdes, otros con tonalidad ósea. Con orgullo me explicaron que la coloración del vestido era un código que respondía a la especialidad estudiantil del pequeño o la pequeña y que en el sistema educativo cubano comenzaban a elegir itinerario disciplinar muy temprano. En eso de la especialización, como en tantas otras cosas, el sistema cubano recuerda al estadounidense. Pues, como digo, los verdes podían corresponder a una preferencia por las humanidades y el rojo, quizás por la marcada tendencia de los jóvenes cubanos actuales hacia la informática, tal vez a ciencias de la computación. Rojo de rojo, y rojo de especialidad.

Pues bien, además del itinerario disciplinar, el sistema cubano cuida muy bien la educación en valores, en los valores de la revolución castrista, desde las tremendas posibilidades de absorción perceptiva que sabemos inherente a la tierna infancia. Hay que ver qué rápido aprenden, nos decimos. De esta manera es posible explicarse cómo, por mucho que exista un sustrato de crítica, incluso de resquemor, por las condiciones de vida, hablar con un joven cubano siempre deja esa sensación de que, en el fondo, justifica, comprende y hasta defiende el sistema de la revolución. A pesar de los pesares. Cosas muchas se podrían mejorar, el tremendo y asesino embargo es responsable de asfixiar las bondades de la revolución, la corrupción está presente, pero la insurrección permanente del comandante es el ideal de convivencia social. Multitud de cubanos y cubanas jóvenes así lo han interiorizado, así lo piensan y lo comunican en confianza. En lo ideológico, el tinte de los uniformes escolares cubanos es menos colorista.

La dictadura socialmente consentida de Cuba sabe que mejor que el control ideológico de la población es el adoctrinamiento. Déjenme afirmar por higiene, aunque no guste porque es más fácil culpar a una sola persona, que todas las dictaduras que se sostienen en el tiempo tienen el apoyo tácito y explicito de una parte de la población, que también es responsable del paulatino declive social y del control totalitario de los aparatos al servicio del dictador. El adoctrinamiento es la llave para la esculturación, o manipulación, de las rutas mentales que después tendrán que interpretar la realidad. Cuanto antes, mejor y con más cuidado refinamiento cultivemos ese campo fértil de la mente, más probabilidades de obtener adhesiones para el régimen. Ustedes han visto por televisión a niñas cubanas ungiendo en tribunas públicas las piedades de la revolución, que se manifestarían en toda su grandeza si no fuera por «mariconsones»y «führercitos» externos. Acaso el esquema cubano de convivencia en su versión ideal y utópica, donde por ejemplo se socializa el conocimiento, funcionaría en otro mundo, pero no está de más concluir que las utopías tienen desastroso matrimonio con la realidad.

Si implantáramos un sistema de adoctrinamiento, pero dirigido hacia lo objetivamente saludable, en las escuelas, obtendríamos sin duda una menor orientación favorable de los jóvenes hacia las drogas, argumentaba la especialista en toxicomanías que me hizo ver que adoctrinar podía ser un término excesivamente connotado en negativo. Por ejemplo, introduciendo una asignatura transversal desde el parvulario. Podría funcionar. Si el método trabaja en sentido negativo, bien pudiera hacerlo en positivo. Hitler no lo consiguió con la juventud alemana porque estuvo relativamente un breve, pero sangriento, ínterin en el poder. Castro ha obtenido mejores resultados debido a que ha patrocinado ideológicamente a varias generaciones de materia prima revolucionaria. Stalin optó por otro medio de selección totalitario, los asesinatos en masa. El 'hudini' Hussein no le prestó atención a la ideología, porque de ella carecía y ahora Irak es un revoltillo de supervivencia. ETA asesina porque en su totalitarismo no dispone de medios integrales de intervención social para condicionar a la población, aunque lo intenta. La estructura del MLNV (que actualmente hace aguas porque un Estado que intenta superar los complejos que España arrastra ha comprendido que la aproximación al terrorismo tiene que ser integral) constituye un esfuerzo delirante para hacerse con una maquinaria de control que luego extrapolaría ETA al Estado Libre de Euskadi tras una hipotética victoria armada. De ese modo, tenemos infiltraciones o intentonas de ello en instituciones educativas, de comunicación, de asistencia social y desde luego culturales.

Sin pretensiones de comparación, en Marruecos, por su parte, la dinastía alauí aplica para el control de las opiniones instrumentales coactivos que han demostrado servir a diversos totalitarismos y dictaduras varias. Marruecos no es una dictadura ni un régimen totalitario, y ahora mismo no encuentro un 'constructo' político que aprehenda sus peculiaridades. No obstante, aunque innombrable descriptivamente como régimen, recurre al control de la prensa y a la restricción de las libertades políticas. En Cuba existe todavía mayor restricción de la expresión política, en términos de asociacionismo, pero en Marruecos no se presta atención al adoctrinamiento ideológico, más allá de la clandestinidad islamista de los salafistas, que son actores no estatales y buscan derribar el sistema e instaurar la comunidad islámica desde Despeñaperros hasta Indonesia. En ambos reinados, regio el uno y presidencialista revolucionario el otro, periodistas y escritores son encarcelados por expresar ideas y difundir pensamientos.

Si Ali Lmrabet dibujara caricaturas de Castro en La Habana eventualmente al comandante le harían gracia. Si esas caricaturas estuvieran acompañadas de texto que criticara al régimen castrista desde la ironía o el sarcasmo, tal vez Fidel apuntaría en una tertulia televisada que Lmrabet es un 'mariconsón' o incluso le reservaría una estancia en la pensión de la sombra tras la denuncia de un comité popular, o a la postre formaría resistencia en Miami. Ali Lmrabet ha concluido la huelga de hambre penitenciaria en protesta por el arresto de que fue objeto por editar dos semanarios satíricos en donde se comunica, en clave de crítica humorística, acerca del Gobierno y la sociedad marroquíes. El Gobierno de su majestad de Marruecos intenta controlar la creación de opinión, como cualquier otro absolutismo, tejiendo un entramado clasista de privilegios que desactive por el soborno veleidades ideológicas, de paso garantizando que los corruptos poderes fácticos perpetúen la extensión y sistematización del régimen constituido. En paralelo, se arbitra una red represiva que reconvenga y escalde a la molesta disidencia que surja extramuros al círculo de prebendas. Escrito todo esto sin acritud y porque no sé dibujar caricaturas. Me disculpen.

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