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ECONOMIA
Bienes
raíces en Cuba, un negocio que no echó raíces
(I)
LA HABANA, julio
(www.cubanet.org) - Uno de los negocios más
lucrativos del mundo es el de bienes raíces.
La compraventa de terrenos e inmuebles genera
un gran movimiento de capital anualmente en numerosos
países. Los bienes raíces forman
parte del aval para cualquier negociación
financiera o bancaria, y la importancia de las
hipotecas nadie puede negarlas hoy día.
En Cuba, con la
implantación del sistema comunista esa
actividad comercial desapareció. Primero
fue la Ley de Reforma Urbana, que expropió
a dueños de casas que las tenían
en alquiler a otras personas. Después surgió
un enmarañado sistema de leyes y disposiciones
con el objetivo de impedir que se hicieran negocios
"fuera de la ley". La actividad desapareció
hasta del argot cubano. "¿Bienes raíces...?
Eso tiene algo que ver con la agricultura, ¿no?",
expresó un joven estudiante de secundaria
básica al preguntarle qué sabía
sobre la misma.
Pero en 1994, cuando
la economía cubana tocó fondo, la
empresa Habaguanex, bajo la dirección de
Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, inició
negociaciones con el grupo financiero español
Argentaria para la restauración y remodelación
de la antigua Lonja del Comercio de La Habana
con la finalidad de arrendar locales de oficinas.
Así surgió la Inmobiliaria Aurea
y en 1995 se iniciaron los trabajos, que sufrieron
demora constructiva.
El camino estaba
abierto para los inversionistas extranjeros. Cubalse
fue la empresa encargada de desarrollar las primeras
inmobiliarias con firmas extranjeras. En el primer
trimestre de 1996 surge Real Inmobiliaria, con
capital de Mónaco e Italia, para construir
y administrar varios edificios individuales destinados
a apartamentos de estándar de vida medio
alto. Inmobiliaria Monte Barreto, con capital
israelita se destina para edificar y operar un
centro de negocios en Miramar, integrado por áreas
de oficinas y comerciales. En 1997 crea con capital
español la Inmobiliaria Costa Habana, para
construir otros dos edificios de apartamentos.
Aunque el costo
de un apartamento nuevo ascendía a entre
100 y 250 mil dólares, la demanda resultó
muy satisfactoria, pues casi todos los primeros
fueron vendidos en la fase constructiva. Ya al
finalizar 1997, además de las inmobiliarias
de Cubalse y la Fénix,
de Habaguanex surgió la Inmobiliaria Cimex
y la Inmobiliaria Almest, de las FAR. Proliferan
las asociaciones con empresas extranjeras en el
negocio de bienes raíces. Capital foráneo
fresco se apresta a lanzarse sobre la isla en
un negocio de rápida recuperación.
En 1999 llegaron
a 19 las empresas mixtas inmobiliarias en el país,
dos dedicadas al arrendamiento de oficinas y 17
a viviendas, estas últimas con 46 terrenos
donde construir. La más moderna tecnología
en construcción comenzó a desarrollarse
en el país, y nuevas y muy modernas edificaciones
se erigieron en Miramar y el Vedado. El negocio
se enfrentaba a un incremento de la demanda de
forma creciente.
En medio de todo
este desarrollo, un gran problema no había
sido resuelto: los propietarios de estas nuevas
adquisiciones esperaban una serie de prerrogativas
que las leyes vigentes del país no respaldaban.
El estado convino en vender esos inmuebles a extranjeros
no residentes en el país, pero una vez
que adquirían la vivienda, lógicamente
esperaban obtener un estatus de residencia no
permanente que le evitara los engorrosos trámites
migratorios para garantizar la visa.
Por otra parte,
los compradores de esas viviendas querían
amueblarlas con muebles comprados en el extranjero,
de mayor calidad y menor precio que los que se
venden en Cuba. También querían
traer vehículos, que en el exterior resultaban
más baratos que los vendidos aquí.
Además, como eran extranjeros no residentes
permanentes querían saber si podían
arrendar o prestar a otro extranjero su propiedad
en los momentos que no la ocuparan.
Otro tema muy espinoso
resultaba el derecho de herencia. Algunos de esos
extranjeros se habían casado con cubanas
o cubanos. En caso de fallecimiento del foráneo,
¿heredaban los cubanos? cnet/27
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