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Pescadores en
aprieto
Manuel Vázquez Portal, Grupo Decoro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - En Cuba hay tres tipos de pescadores.
Los pescadores organizados en cooperativas estatales, las cuales con barcos y
artes de propiedad social están autorizados a pescar las langostas,
langostinos y camarones que se comen los turistas y que se exportan.
Por otra parte, los pescadores autorizados por medio de licencias y otros
sellos burocráticos que, en pequeños botes matriculados,
registrados y contrarregistrados y previa autorización de los vigilantes
de atracaderos, pueden salir al mar hasta ciertos límites. Éstos
no pueden pescar ni langostas, ni langostinos, ni camarones, ni caguamas ni otro
ser marino importante para la economía nacional
En tercer lugar están los pescadores furtivos. Estos se encaraman en
el primer flotador que puedan construir con neumáticos de automóviles,
preferiblemente camiones y tractores, y se echan a la mar con la esperanza de
ensartar algún aguají importante para la economía y barriga
familiar.
Pero resulta que las costas se han tornado peligrosas. No porque haya mal
tiempo ni se avecinen ciclones tropicales, ni porque exista una arribazón
de escualos famélicos, ni porque haya un brote de ciguatera, ni porque
las aguas estén contaminadas, sino porque la policía acude por
oleadas y confisca artes de pesca, registra enseres, impone multas
desorbitantes, carga con sospechosos, ya sean de hambre o de fugas clandestinas.
Claro que no se trata de proteger la flora y fauna marinas en un denodado
intento por preservar los ecosistemas costeros y los fondos marinos; claro que
no se trata de un esfuerzo por cumplir con los convenios migratorios entre Cuba
y los Estados Unidos, evitando la circulación de intrépidos
balseros, sino que, siendo Cuba la llave del golfo, la Perla de las Antillas, el
delicioso Edén para turistas que vienen a disfrutar del paraíso de
"los buenos salvajes", y del "buen tirano", y estando claro
que un gran porciento de la droga que circula por el Mar de las Lentejas (yo creía
que era del chícharo), cruza por aquí, lo que se quiere evitar es
que algún pescador se tropiece con alguna paquita de marihuana o de coca,
se haga millonario el muy sinvergüenza y se arme el despelote en ésta,
la sociedad más pura del mundo.
Por supuesto que la preocupación no empezó en las costas, según
me pareció ver, muy interlineado, en un editorial del periódico
Granma, publicado días atrás, sino en los clubes nocturnos, las
discotecas y algunas fiestas particulares. Parece ser que las pastillitas -no
polivitamínicas-, las yerbitas -no medicinales-, los polvitos -no ántrax
ni cascarilla- andan parrandeando por la ciudad, se han ido de control -ya se
sabe, del único control- y eso puede resultar peligroso -recuérdese
la Causa No. 1- y lo mejor es armar barullo a nivel popular, vaya, correr muchas
bolas -dirigidas- no sea que paguen justos por pescadores.
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