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La "zona
roja" invade
Armando Soler
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Son las 7 de la noche en el Quinto
Distrito, en la parte alta de la Víbora, municipio 10 de Octubre. Una
muchacha se me acerca. No llega a los veinte años. El frío
reinante no parece afectarla, pues avanza con el liso vientre al aire. "Buenas
noches, tío" -me aborda. "Mire, yo soy del Club de las
Chupa-Chupa. Todas nosotras -me señala a cuatro o cinco jovencitas,
apenas discernibles en la oscuridad- practicamos el sexo oral, anal o vaginal.
Usted puede escoger a su gusto". ¡Qué bien se expresa!
Abandonando tradicionales cotos de caza de extranjeros con demasiada
competencia, como la Habana Vieja y el Vedado, el fenómeno de la
prostitución se ha generalizado por los barrios. En la Víbora y
Santos Suárez, grupos como éste acceden al posible cliente a la caída
de la noche a lo largo del Malecón, de la Vía Blanca; en el triángulo
de las calles General Lee y Mayía Rodríguez; por toda la avenida
Santa Catalina, y en especial en el parque confluente con la calle Goss, donde
otro "club" acecha. Hasta ha proliferado una manada ambulatoria de
prostitutos travestis que asentaron finalmente sus reales en la Fuente Luminosa,
desplazando la competencia femenina a fuerza de bíceps.
El cierre de todas las posadas o albergues de la zona ha facilitado las
cosas para la empresa privada del alojamiento furtivo. Las prostitutas tienen un
trato con propietarios de viviendas poco escrupulosos, los que alquilan la
habitación por media hora a veinticinco pesos. El "servicio" de
las chicas dura lo mismo por cien pesos. Con técnica muy semejante a las
profesionales de antaño, no se dejan besar ni acariciar partes del
cuerpo. El coito más elemental es el resultado del "acuerdo
comercial".
Una doctora me asegura que está convencida de que el alarmante
incremento de enfermedades venéreas que atiende todos los días
tiene relación con la alta incidencia de prostitución en el
barrio. "No hay prácticamente ninguna embarazada que acuda a mí
que no padezca de algún tipo de enfermedad venérea, como resultado
de la infidelidad del marido, en un medio promiscuo en la mayor parte de los
casos". Las autoridades sanitarias no hacen pública esta alarmante
información, pues a todas luces afecta la imagen de salud pública
proyectada por el régimen. "Lamentablemente, enfermedades como la
hepatitis, que dejan secuelas crónicas, abundan cada vez más",
concluyó la médica.
Muchas jóvenes que se inician en la prostitución siguen
modelos paradigmáticos de "éxito" protagonizados por
amigos y compañeros de estudios. En una sociedad donde la carencia
material, incluido el dinero, es pan diario desde que nacieron, el estímulo
de la ganancia fácil que provee la prostitución es mayúsculo.
Los niños del período especial constituyen una generación
rapaz, cínica e infeliz.
El consumo de cualquier estimulante que haga olvidar una realidad miserable
y falta de perspectivas reales es otro de los catalizadores que motivan la práctica
del sexo rentado. Es muy posible que, antes de cinco años, padezcamos la
misma desgracia de otras sociedades con miles de adictos a las drogas.
Mientras tanto, subrepticias en la penumbra, estas "Flores del Mal"
ejercen el oficio más antiguo y, en muchos casos, con una indiferencia al
abismo que enfría el alma.
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