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¿Cuánto
puede valer una calle?
Armando Soler
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - En 1959, la avenida Juan Delgado,
situada en medio de Santos Suárez -un barrio de clase media baja, media y
algo de alta- en el actual municipio de 10 de Octubre, era un ejemplo de
prosperidad.. Con apenas 17 cuadras de largo, era una zona pujante: dos cines,
un restaurante-cafetería, una ferretería, dos lavanderías,
una escuela, dos estaciones de gasolina, una panadería, varias farmacias
y barberías, múltiples expendios de alimentos elaborados, bodegas,
bases de taxis, lo demostraban.
¿Cuánto podía valer en 1959? Digamos que todo lo que
incluía, desde las alcantarillas hasta las cuentas bancarias de sus
emprendedores habitantes tendría un valor de alrededor de doscientos
millones de pesos -o dólares, equivalentes al peso de la época.
Podemos afirmar que ese inventario fue recibido por el actual gobierno al 100%,
pues todo el que en esa calle tuviera propiedades, las cuidaba para conservar su
valor.
Han pasado cuarenta y cuatro años desde entonces. Toda esa
prosperidad y propiedad privada ha sido ahogada por la ola revolucionaria.
Aventuremos, con amplia exageración, que un 20% de todo ese inventario ha
podido ser conservado o renovado. El resto ha sufrido un deterioro atroz,
comprobable para cualquiera a ojos vistas. Son las mismas inversiones de 1959
cayéndose a pedazos. Sólo los establecimientos estatales reciben
algún tipo de conservación. Los particulares se las ven negras
para tratar que la casa no se les caiga encima.
No se han levantado nuevas viviendas. Las viejas, abarrotadas con tres o
hasta cuatro generaciones, sufren engendros constructivos, muchas veces
verdaderas birrias insalubres, en la búsqueda desesperada del espacio
vivencial mínimo necesario.
Los viales peatonales y vehiculares, los sistemas de alumbrado público,
las instalaciones de desagüe albañal, de acueducto, etc., son los
mismas, extremadamente deteriorados, de hace casi medio siglo, excepto una
reciente obra de canalización subterránea de gas.
Un ejemplo como éste, muestra escogida al azar de una zona
anteriormente próspera y urbana, un área en la actualidad no
privilegiada por el turismo internacional, refleja el costo nacional del
abandono y la falta de inversión. El monopolio estatal de todo servicio o
fuente de trabajo, ha privado de la iniciativa personal a todo el país,
depreciando el bienestar alcanzado.
La generación que reciba esta pobre herencia en la democracia que
nazca, tendrá en sus manos muy poco capital para iniciar su nueva vida.
El despilfarro de la nación será lo más recordado de esta
triste etapa.
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