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El Carmen
Tico Morales, APLA
MORÓN, enero (www.cubanet.org) - Sin dudas, este bello nombre de
mujer era tan conocido por los chicos de mi edad en la época de los
tomeguines y las palomas rabiches que, con sólo mencionarlo, la boca se
le hacía agua al más tímido de los malandrines.
El Carmen era el nombre del naranjal más grande del municipio Morón.
El cultivo se extendía desde los alrededores de la ciudad de Morón
en su parte noroeste hasta las cercanías del pueblo cautivo de Peonía,
siempre bordeando la carretera hacia Chambas y colindando con la línea
del ferrocarril del Circuito Norte. Caballerías de cítricos y
guayabas se internaban en interminables surcos regados por una perfecta red hidráulica,
con las mejores mototurbinas de la hoy provincia Ciego de Ávila.
Quizás el origen del nombre sea el de la señora del dueño
de esas tierras, mas ésta no es la idea central de lo que quiero
contarles.
Desde que la revolución llegó al poder (1959) ha hecho cambios
desastrosos en la agricultura. Ejemplos sobran, y uno de ellos fue la destrucción
de las caballerías de cítricos y guayabales de El Carmen. No quedó
casi nada. Hoy en esas tierras crece la manigua y brotan pantanos, debido a los
males hechos al sistema de alcantarillado y puentes de las vías que
enlazan a Morón con el resto de los pueblos y bateyes situados en su
derredor.
Son tierras ahora inservibles, donde crecen comunidades rurales de emigrados
de otras provincias, que con tal de estar cerca de alguna localidad donde el dólar
estadounidense corra un poco más suelto tratan por todos los medios de
ajustarse al medio, aunque tengan que trabajar en cooperativas agrícolas
poco productivas, donde se roba más de lo que se siembra, un mal tan
viejo como el sistema. Lo importante es estar cerca de una de las localidades más
prósperas de la isla.
Todavía algún que otro chico se pierde manigua adentro en
busca de un botín jugoso, pues desafiando el tiempo crece silvestre algún
árbol frutal que logró escapar de la tala y quema para hacer carbón
que se efectuó en los años 90 del siglo pasado, cuando comenzó
el llamado período especial, o la nueva versión del mismo.
Ya no cantan los tomeguines y poco vuelan las palomas rabiches sobre lugar
tan lúgubre, otrora un jardín con el bello nombre de una mujer.
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