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Llorar por
Cuba
Claudia Márquez Linares, Grupo Decoro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Conversaba fervorosamente. Se sentía
engañado. Ricardo siempre había creído en la Revolución.
Una pena le aprieta el pecho y lo hace perder la respiración. Se siente
defraudado. "La Revolución me ha traicionado", dice, mientras
narra uno de los momentos más tristes de su vida.
Ricardo fue un abogado militar que creyó siempre en lo que hacía.
Hoy está jubilado y sus 300 y pico de pesos no le alcanzan para alimentar
a su familia. A partir de que empezó a leer la revista El Disidente,
editada en Puerto Rico, y una de las que más circulan en el país
clandestinamente, empezó a comprender lo que sucedía en su propio
país y que nunca había conocido. Gracias a un amigo que se metió
en la oposición el año pasado, Ricardo ha podido ver videos de ex
prisioneros políticos declarando sus experiencias en las mazmorras de La
Cabaña, actualmente convertida en museo para turistas ingenuos.
Ricardo ha conocido las diferentes propuestas políticas de la oposición,
como el Proyecto Varela, la Asamblea para una Sociedad Civil y la Carta de
Derechos y Deberes de los Cubanos. Ricardo se preocupa por la suerte de
prisioneros como Oscar Elías Biscet, Luis García Pérez (Antúnez)
y por el único preso político ciego del mundo, Juan Carlos González
Leyva. Hasta hace un par de años Ricardo era un ignorante de la subterránea
revolución que se lleva a cabo en Cuba y que ningún medio de
prensa nacional refleja. La Revolución cubana ha muerto y cada día
son más los que dicen sentirse traicionados y rompen el miedo.
Cuando Ricardo firmó el año pasado lo de "socialismo
irrevocable" sintió rabia. Delante de los secuaces comunistas de su
cuadra tuvo que doblar su cabeza y firmar con su nombre y su número de
carnet de identidad, y delante de todos, para apoyar lo que ya no considera una
Revolución. "Cuando subía las escaleras de mi casa se me
salieron las lágrimas de rabia", dice, mientras la voz le cambia y
con palabras sencillas justifica lo que hizo por proteger a su familia.
Hoy Ricardo tiene un estrecho grupo de amigos que en voz baja discuten sobre
política y exponen sus ideas libremente en el pequeño espacio que
ellos mismos se han creado. "Ni siquiera algunos familiares de ellos saben
lo que hablamos y lo que leemos", comenta mientras aclara que así se
protegen más contra las imprudencias de seres queridos. En su humilde
hogar de Arroyo Naranjo, Ricardo conversa sobre las noticias que escuchó
en Radio Martí y se sorprende de haber leído en la Revista Hispano
Cubana las declaraciones de los sobrevivientes del "Remolcador 13 de Marzo".
Aunque asegura que es un hombre duro para llorar, Ricardo reconoce que no
puede soportar el engaño en que está sumergido su país. Su
creencia en Dios le hace rogar porque en Cuba haya cambios de manera pacífica
y una reconciliación nacional. Cuenta que un día tuvo una
premonición: "De momento estaba sentado en el Consultorio de la
Familia mirando cómo caía la lluvia. Un pensamiento ocupó
mi corazón y mi alma: los cambios en Cuba vendrán más
pronto de lo que tú te imaginas, Ricardo, y con la paz que tú
tanto anhelas", comentó.
¿En cuántos hogares cubanos existirán hombres como
Ricardo que anhelan la libertad y se solidarizan espiritualmente con aquellos
que ya han roto el miedo? Hombres que piensan y lloran en silencio porque
entregaron su juventud a la Revolución y ésta los premió
con una gaveta repleta de diplomas y medallas de metal oxidable. No sólo
de discursos vive el hombre y el cubano más que de llorar, ya tiene
deseos de gritar.
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