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En julio como
en enero
Manuel Vázquez Portal, Grupo Decoro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Las elecciones convocadas en Cuba por
el régimen de Fidel Castro pueden efectuarse tanto en julio como en enero
y el resultado será el mismo: Fidel Castro permanece en el poder.
El sistema eleccionario cubano carece de competencia, expectativa y renovación.
El resultado de las elecciones siempre es el mismo. Sin partidos que rivalicen,
y por tanto, sin programas por los que optar, el estatismo político
cubano permanece inalterable y la sociedad cubana se ve sumida en una realidad
sin alternativas.
El pueblo asiste a las urnas no para elegir sino para mantener en ellas,
como en un museo, a un fósil político. Un partido, más bien
un gobernante que desde 1959 hasta 1976 gobernó al país sin
Constitución alguna, se acostumbró a la factualidad del gobierno
por decreto, a la facilidad de las decisiones sin oposición, a la
comodidad de la competencia política sin rivales. Cuando tuvo necesidad
de brindar una imagen de supuesta institucionalización y
constitucionalidad creó una Constitución amañada y un
Parlamento subordinado que en nada restaban su maniobrabilidad totalitarista.
Un simple vistazo a la Constitución
refrendada -si es que se le puede llamar referendum a una actitud popular
manipulada por una tiranía mediática y dependiente totalmente del
Estado- en 1976, haría resaltar inmediatamente el carácter
sectario de la misma. En ella se establece: Artículo 5: "El Partido
Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la
nación cubana, es la fuerza superior de la sociedad y el Estado, que
organiza y orienta..."
Y este carácter sectario se mantiene en las modificaciones hechas en
l992 y 2002. Es decir, el Partido Comunista de Cuba sigue siendo la "fuerza
superior", y el Partido sigue bajo el mando del mismo individuo, quien es a
la vez Comandante en Jefe, Jefe del Consejo de Estado y Jefe del Consejo de
Ministros.
Aún así, y frente a tan abrumadora, aplastante evidencia, el
pueblo cubano -y el mundo- escucha, en voz del propio Fidel Castro que las
elecciones cubanas son las más democráticas del mundo, y que el
Partido que él dirige no postula ni elige. No diré que esta
afirmación es pura y burda demagogia ni simple y vulgar desfachatez
politiquera. Preguntaré tan sólo: ¿Quién postula
entonces? ¿El Partido Comunista de Cuba no es la fuerza superior de la
sociedad y el Estado, no es el dueño de los medios masivos de comunicación,
no organiza a la nación con un sistema de dirección partidista que
desciende de un Buró Político a nivel de cúpula de poder
hasta el más modesto núcleo del Partido de una insignificante
empresa municipal, no orienta la línea a seguir, la conducta a mantener
en cada coyuntura política de la nación? ¿Habrá que
creerse el cuento de que es el pueblo quien verdaderamente postula? ¿Por qué,
exceptuando a un mínimo número de religiosos de los cuales no podría
afirmar si son o no miembros del Partido Comunista, la totalidad de diputados,
delegados provinciales, delegados municipales y delegados de circunscripción,
son militantes del Partido o la Juventud Comunista? ¿Cómo se
entiende que todos aquéllos que, por interés nacional -entiéndase
del Partido Comunista- requieran ser postulados, resultan nominados? ¿No se
hace así clara la intervención del Partido en el proceso de
nominación?
En cuanto a la elección, y la intervención del Partido en
ella, habría que apuntar sólo dos o tres factores determinantes. ¿A
quién pertenecen los medios para organizar, apoyar, subvencionar la logística
de las elecciones? ¿A quién pertenecen los medios masivos para
divulgar la campaña eleccionaria? ¿Por qué se convierte, por
todas las vías de influencia sobre la sociedad, "el voto unido"
en una necesidad estratégica para el Partido? Y por supuesto, no quiero
olvidar el factor, a mi modo de ver más determinante: la indiferencia política
-además de su falta de educación democrática- que padece la
sociedad cubana, la que sabe de antemano que nada cambiará.
Mas si se hablara del porcentaje de votantes que acude a las urnas, habría
que decir sólo una cosa. La capacidad movilizativa del régimen
cubano -basada únicamente en la dependencia total que padece la ciudadanía
cubana del Estado- no es una virtud del gobierno y su máximo líder,
sino un defecto de la sociedad cubana, incapacitada para elegir. El pueblo
asiste a las urnas presionado por la falta real de alternativas. No votar es
declararse al margen, y declararse al margen significa la imposibilidad de todo
ascenso social.
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