CUBANET .INDEPENDIENTE

27 de enero, 2003

En julio como en enero

Manuel Vázquez Portal, Grupo Decoro

LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Las elecciones convocadas en Cuba por el régimen de Fidel Castro pueden efectuarse tanto en julio como en enero y el resultado será el mismo: Fidel Castro permanece en el poder.

El sistema eleccionario cubano carece de competencia, expectativa y renovación. El resultado de las elecciones siempre es el mismo. Sin partidos que rivalicen, y por tanto, sin programas por los que optar, el estatismo político cubano permanece inalterable y la sociedad cubana se ve sumida en una realidad sin alternativas.

El pueblo asiste a las urnas no para elegir sino para mantener en ellas, como en un museo, a un fósil político. Un partido, más bien un gobernante que desde 1959 hasta 1976 gobernó al país sin Constitución alguna, se acostumbró a la factualidad del gobierno por decreto, a la facilidad de las decisiones sin oposición, a la comodidad de la competencia política sin rivales. Cuando tuvo necesidad de brindar una imagen de supuesta institucionalización y constitucionalidad creó una Constitución amañada y un Parlamento subordinado que en nada restaban su maniobrabilidad totalitarista.

Un simple vistazo a la Constitución refrendada -si es que se le puede llamar referendum a una actitud popular manipulada por una tiranía mediática y dependiente totalmente del Estado- en 1976, haría resaltar inmediatamente el carácter sectario de la misma. En ella se establece: Artículo 5: "El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza superior de la sociedad y el Estado, que organiza y orienta..."

Y este carácter sectario se mantiene en las modificaciones hechas en l992 y 2002. Es decir, el Partido Comunista de Cuba sigue siendo la "fuerza superior", y el Partido sigue bajo el mando del mismo individuo, quien es a la vez Comandante en Jefe, Jefe del Consejo de Estado y Jefe del Consejo de Ministros.

Aún así, y frente a tan abrumadora, aplastante evidencia, el pueblo cubano -y el mundo- escucha, en voz del propio Fidel Castro que las elecciones cubanas son las más democráticas del mundo, y que el Partido que él dirige no postula ni elige. No diré que esta afirmación es pura y burda demagogia ni simple y vulgar desfachatez politiquera. Preguntaré tan sólo: ¿Quién postula entonces? ¿El Partido Comunista de Cuba no es la fuerza superior de la sociedad y el Estado, no es el dueño de los medios masivos de comunicación, no organiza a la nación con un sistema de dirección partidista que desciende de un Buró Político a nivel de cúpula de poder hasta el más modesto núcleo del Partido de una insignificante empresa municipal, no orienta la línea a seguir, la conducta a mantener en cada coyuntura política de la nación? ¿Habrá que creerse el cuento de que es el pueblo quien verdaderamente postula? ¿Por qué, exceptuando a un mínimo número de religiosos de los cuales no podría afirmar si son o no miembros del Partido Comunista, la totalidad de diputados, delegados provinciales, delegados municipales y delegados de circunscripción, son militantes del Partido o la Juventud Comunista? ¿Cómo se entiende que todos aquéllos que, por interés nacional -entiéndase del Partido Comunista- requieran ser postulados, resultan nominados? ¿No se hace así clara la intervención del Partido en el proceso de nominación?

En cuanto a la elección, y la intervención del Partido en ella, habría que apuntar sólo dos o tres factores determinantes. ¿A quién pertenecen los medios para organizar, apoyar, subvencionar la logística de las elecciones? ¿A quién pertenecen los medios masivos para divulgar la campaña eleccionaria? ¿Por qué se convierte, por todas las vías de influencia sobre la sociedad, "el voto unido" en una necesidad estratégica para el Partido? Y por supuesto, no quiero olvidar el factor, a mi modo de ver más determinante: la indiferencia política -además de su falta de educación democrática- que padece la sociedad cubana, la que sabe de antemano que nada cambiará.

Mas si se hablara del porcentaje de votantes que acude a las urnas, habría que decir sólo una cosa. La capacidad movilizativa del régimen cubano -basada únicamente en la dependencia total que padece la ciudadanía cubana del Estado- no es una virtud del gobierno y su máximo líder, sino un defecto de la sociedad cubana, incapacitada para elegir. El pueblo asiste a las urnas presionado por la falta real de alternativas. No votar es declararse al margen, y declararse al margen significa la imposibilidad de todo ascenso social.


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