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La incógnita
sospechada
Manuel Vázquez Portal, Grupo Decoro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - La tiranía mediática
establecida en Cuba por la tiranía política impide a grandes
sectores de la ciudadanía acceder a la información de los hechos
que puedan contrastar con la línea general de gobierno. Así, el
Proyecto Varela y su resonancia internacional han sido escamotados al público
cubano en el más impúdico asalto al derecho a saber que tiene todo
ciudadano. Pero a pesar de los infructuosos esfuerzos de la oficialidad por
mantener en el anonimato la realidad política actual, el Proyecto Varela
se ha erigido como una posibilidad y una alternativa cierta dentro de la población.
La situación económica de mi país es angustiosa. Bastaría
con referir un Producto Interno Bruto insuficiente, la falta de créditos
por parte de los organismos financieros internacionales, así como la
inmensa deuda externa contraída en las últimas décadas,
para darse cuenta del estado ruinoso en que se halla el cubano de hoy por hoy.
Más de cuatro décadas de economía centralizada, planes
de desarrollo importados y caprichosos, más el distanciamiento, por
razones políticas, de los centros comerciales y financieros que hubieran
podido colaborar, han sedimentado sobre la nación el calamitoso resultado
económico actual.
El sacrificio indiscriminado de la economía en función de los
intereses políticos ha sido el catalizador esencial para el deterioro que
hoy padecemos, y del cual únicamente saldríamos produciendo
grandes cambios en el campo de la política.
Pero si angustiosa es la situación económica, más
tormentosa es la realidad social. El cubano actual, hijo de un adoctrinamiento
alelante y de una política rígida e intolerante que lo ha
conducido a una total invalidez electiva, carece del más mínimo
sentido del papel que, como agente activo, le corresponde dentro de la sociedad
para producir cambios. Obligado a creer en un líder todopoderoso para
resolver sus problemas sociales, olvida su importancia dentro de los procesos
históricos y espera pasivamente la aparición de un nuevo Mesías.
No cree, agobiado por el peso de la realidad, en el proyecto quimérico,
virtual y obsoleto que propone el partido en el poder, pero, inconcientemente,
colabora con él con su inercia social, al tiempo que no se afilia, en
plenitud de conciencia, a proyectos alternativos.
De ese modo la sociedad cubana se desmorona, progresiva y aceleradamente, en
un fluir vegetativo e improductivo, sin otra intención que la evasión
-por medio de la emigración- o la sobrevivencia -por medio de la economía
subterránea y el mercado negro- mientras se agudiza su estado de pobreza
espiritual y material que lo va sumiendo en una indiferencia cada vez más
ostensible.
Mas si angustiosa es la situación económica y tormentosa la
situación social, más desconsoladora es la realidad política.
Las cuatro fuerzas públicas que, a mi modo de ver, podrían
impulsar y provocar la transición hacia una sociedad más abierta
se desgastan en la división y la falta de programas eficaces.
La supuesta fuerza reformadora que dentro de la cúpula de poder
pudiera dar al traste con el estado actual no parece dar señales de
existencia; la disidencia interna -me refiero a la radicalizada, notoria y pública-
además de carecer de espacios legales para interactuar con la población,
se ve dividida en proyectos, la mayor parte de ellos insustanciosos, inoperantes
e ineficientes; la disidencia soterrada -aquí me refiero al pueblo
inconforme- hace sólo una especie de oposición amoral que se
disuelve en la improductividad laboral, la negligencia social, el robo constante
al estado y una densa abulia política; el exilio, con más
libertades financieras y democráticas por encontrarse fuera del alcance
de las fuerzas represivas internas, se contenta con un apoyo, muchas veces más
espiritual que logístico, a las fuerzas opositoras internas, un cabildeo
más o menos exitoso a nivel internacional y un activo programa de
teorizaciones y divulgación sobre la realidad cubana.
Ante este panorama, que pudiera parecer aterrador o pesimista, el más
común de los seres se preguntaría: ¿dónde está
la fuerza real, orgánica, efectiva que conducirá hacia el cambio? ¿Será
cierto que habrá que esperar por la muerte del Máximo? Muchos de
los iniciados, no así la gran masa popular desinformada y manipulada por
la tiranía mediática, han cifrado sus esperanzas en el Proyecto
Varela que encabeza Oswaldo Paya Sardiñas. Y no es para menos, ni muy
descabellado.
El Proyecto Varela no es una casualidad coyuntural que ha alcanzado
resonancia internacional de última hora y ciertas simpatías dentro
de la nación. Como tampoco es el hijo exclusivo de un líder
preclaro que por elección mística diera con las claves del enigma
político cubano.
Para que Oswaldo Payá Sardiñas se erigiera en la actualidad
como líder indiscutible de la oposición cubana, fue necesario el
corolario de líderes anteriores que pagaron con sus vidas y su libertad
el desarrollo de una conciencia opositora en Cuba.
Respaldando la gestión democrática y civilizadora que hoy
impulsa Payá Sardiñas está la muerte de cientos de
opositores -beligerantes y pacíficos- que se han producido a lo largo de
la permanencia castrista en el poder. Cimentando la lucha actual de Payá
Sardiñas está el encarcelamiento injusto y brutal de cientos de
opositores por parte del régimen aún imperante en la nación.
¿Hubiera sido posible la aparición de Payá Sardiñas
sin la existencia anterior de Huber Matos, de Mario Chanes de Armas, de Sebastían
Arcos Bergnes, de Ricardo Bofill, de Pedro Luis Boitel, de Jesús Yanes
Pelletier, de Heberto Padilla, Tania Díaz Castro y otros que harían
interminable la relación?
¿Hubiera sido posible la aparición del Proyecto Varela sin la
anterior aparición de la Comisión de Derechos Humanos en Cuba, del
movimiento Criterio Alternativo, de la prensa independiente, de Concilio Cubano,
del documento La Patria es de Todos, y de decenas de proyectos más que
han marcado la historia de la oposición cubana a favor de la democracia,
el desarrollo económico, la civilidad y el respeto de los derechos
humanos?
Sería tonto pensarlo. Olvidar a nuestros muertos, nuestros
encarcelados, nuestros desterrados sería traicionar la tradición
donde se sustenta la lucha actual. El Proyecto Varela es resultado de la
trayectoria política de un largo, penoso e incesante movimiento opositor.
En él se afianza el legado histórico de la disidencia cubana.
Cuando el Santo Padre, Collin Powell, José María Aznar o
Vicente Fox reciben a Oswaldo Payá Sardiñas, están
recibiendo la síntesis del movimiento opositor cubano, tantísimos
años privado de resonancia internacional ante el deslumbramiento que un líder
carismático produjo en el ámbito mundial y que ha debido sufrir un
largo período de desmoralización y desenmascaramiento para dar
algo de espacio a sus opositores.
Así, pienso yo, ha de verse el Proyecto Varela y la figura de Payá
Sardiñas. No se está creando un nuevo dictador, un nuevo sátrapa,
un nuevo gobernador general con poderes omnímodos. Se está
fraguando el resurgimiento de una sociedad democrática capaz de elegir,
periódicamente, un gobierno apto para el desarrollo económico,
social y político de la nación. No es ésta una batalla o
una competición por el peldaño más alto. Es, más
bien, la lucha para que cada ciudadano tenga derecho al escalón que le
corresponde dentro de la sociedad. No tendrá Cuba que padecer otro medio
siglo para librarse de Payá Sardiñas entonces, como ha ocurrido
con el señor Castro, sino que una nueva Constitución -sin
prerrogativas de irrevocabilidad que privilegien tendencia política o
doctrina alguna- se establezca en la nación.
Sin embargo, la pregunta latente, la incógnita sospechada, ante la
actual notoriedad que, a nivel internacional, han adquirido el Proyecto Varela y
Payá Sardiñas como su representante, es la siguiente: ¿Negociará
Fidel Castro con la oposición o será necesario que el Proyecto
Varela devenga movimiento de confrontación -auque pacífica- que
sume a la población y concluya con e derrocamiento del actual sistema, a
un costo social y humano imprevisible, o habrá que conformarse con la
paciente teoría de la desaparición biológica?
Esta es la realidad concreta, inevitable, punzante. Depongamos, por un
instante, los sueños, las aspiraciones. Recordemos objetivamente algunos
detalles. ¿No pidió el Santo Padre, en 1998, que "el mundo se
abriera a Cuba y Cuba se abriera al mundo?" ¿Qué ha sucedido? ¿No
le han pedido José María Aznar y Vicente Fox a Fidel Castro que
introdujera algunos cambios en su sistema? ¿Qué ha sucedido? ¿No
ha sancionado la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en
varias ocasiones a Cuba por la violación de los mismos? ¿Qué
ha sucedido? ¿No se han esforzado las Cumbres Iberoamericanas porque se
produzcan cambios en Cuba? ¿Qué ha sucedido? ¿No ha gestionado,
a nivel diplomático, la Unión Europea la posibilidad de reajustes
en el sistema cubano? ¿Qué ha ocurrido?
Esta es la realidad concreta, inevitable, punzante. Lo demás es puro
y simple onanismo afiebrado y surrealista. Fidel Castro no recibirá a
Oswaldo Payá Sardiñas. Fidel Castro no negociará con la
oposición. Y no se trata de desesperanza ni escepticismo, sino de lo
cognocible que se torna Fidel Castro en cuanto a la defensa, obtusa y testaruda,
de su poder absoluto, adquirido por medio de la violencia y entronizado por
medio de la represión.
El Proyecto Varela es, a todas luces, en este momento, un punto de partida
que abre grandes esperanzas. Quizás la vía inexcusable, y más
expedita para evitar lo que ocurriría en caso de muerte súbita
-aunque más que esperada y hasta soñada- del actual mandatario. A
Fidel Castro hay que derrotarlo o esperar por su desaparición natural. Si
por intereses mezquinos o por arribismo político, si por oportunismo
malsano o antagonismo sectario se malograra, se estaría dilapidando,
traicionando un legado de más de cuarenta años de oposición.
Fidel castro no recibirá a Oswaldo Paya pero el pueblo cubano debía
recibirlo preparado, dispuesto para la Gran Marcha por la sal.
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