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Chifló
el mono
Lucas Garve, CPI
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - La madrugada cubana más fría
en muchos años fue la de la noche del 21 de enero. A las dos de la
madrugada, en una emisión de Radio Taíno, la locutora -una joven-
comentó que no recordaba una noche tan fría en su vida. A esa
hora, la locutora reportó un parte de meteorología en el que
anunció el registro de 3.8 grados centígrados en Bainoa y 12
grados en Casablanca, sede del Observatorio Nacional de La Habana.
Pero varios detalles en la vida capitalina en las primeras horas de la noche
presagiaban que el mono chiflaría, un refrán tan cincuentañero
como yo, y quizás algo más allá. Mi madre me contaba que la
frase "chifló el mono" tiene su origen en un invierno cubano,
cuando un mono del Zoológico chifló durante la noche a causa de la
baja temperatura.
Ayudó a incrementar la sensación de frialdad la enorme luna
llena que se colgó del cielo para iluminar el debut de la noche del lunes
20. Ese fue un presagio cierto, además de los pronósticos meteorológicos.
La noche habanera trajo frío y también una agitación en
las calles de Centro Habana, que afirmaba que la movilización a nivel
familiar se organizó con el objetivo de reforzar el "condumio",
la comida en el argot popular cubano.
Una vecina de la calle Consulado despertó alarma cuando me dijo que
Fornos, la shopping de Neptuno, era asaltada por "las tribus del barrio"
para acabar con la vitrina de los cárnicos porque "oye, mulato, el
frío se para con un sopón de carne y vino tinto".
En realidad, cuando pasé por el establecimiento pasadas las ocho de
la noche, el dependiente me dijo que sólo quedaba queso en la vitrina
refrigerada, mientras contaba un buen fajo de dólares.
Los alrededores del Parque de la Fraternidad estaban desiertos. Solamente
las vehementes muchachas del islote entre Monte y Reina desafiaban la luna y el
frío, en la semipenumbra de la parada de la ruta 13 que era esperada
-como siempre- aproximadamente las nueve de la noche.
En la cola de personas que invirtieron todo su capital de esperanza en la
llegada de la guagua (ómnibus), una anciana osó recordar los
sandwiches de jamón, queso y pepinillos encurtidos del desaparecido bar
El Polo, situado hace años en la esquina de Reina y Angeles, frente a
donde estuvo la Plaza del Vapor.
"Lo que nos falta ahora es un buen chocolate caliente y una medianoche
de jamón", sentenció. Pero no quedó sin respuesta. Un
joven que recién había pedido el último en la fila de la
ruta 13 apuntó la dirección actual de los sandwiches anhelados: "Señora,
ahora se venden en la calle ocho". A pesar del frío, hizo reír
a unos cuantos.
Verdaderamente, hacía años que en La Habana no se sentía
un frío similar. Aunque en la capital es difícil que las bajas
temperaturas alcancen menos de diez grados centígrados, en las álgidas
noches de la llanura habanera y hasta Matanzas, las temperaturas oscilaron esa
noche entre cinco y seis grados, según meteorología. Quizás
también chifló el mono.
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