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Una sutil
forma de robar al cubano
Víctor Rolando Arroyo, UPECI
PINAR DEL RÍO, enero (www.cubanet.org) - A Roberto, un destacado
trabajador avícola, se le dañó el rodamiento de su
bicicleta. Al llegar al taller de la ciudad de Pinar del Río, conoció
con alegría que existían las piezas necesarias, pero ya se habían
entregado los turnos de esa semana. Roberto no podía esperar.
Sólo le quedaba una opción: adquirir la pieza pagando como si
el trabajo se hubiera realizado en dicho taller y buscar otra persona que le
hiciera el trabajo. A la cual tendría que pagar también.
Teresa Aguilar necesita con urgencia reparar su juego de baño. La
Empresa Estatal de la Vivienda no puede hacer esa labor hasta dentro de seis
meses. Y Teresa no puede adquirir los muebles sanitarios en las tiendas
dolarizadas ni en el mercado negro, donde los precios son algo más
baratos que en las tiendas. Pero su salario de profesora no le alcanza ni para
soñar con poder adquirirlos en tales sitios, y tampoco puede esperar
tanto tiempo sin baño. No le queda otra opción. Debe pagar dos
veces la instalación. Una a la empresa (que le vende la pieza un poco más
barato) y otra a un albañil particular. "Así es Cuba hoy",
comenta.
Ya se ha hecho un hábito que diferentes Empresas Estatales Cubanas
graven el costo de las piezas con el valor que se debía pagar por la
instalación o reparación, sin que realmente esto se efectúe.
Este inescrupuloso comportamiento tiene su basamento en la escasez de
partes, piezas o productos que el régimen sitúa solamente en los
llamados "talleres centrales", donde el desorden e ineficiencia es el
modus operandis que facilita tal situación.
La centralización estatal cierra las posibilidades de solución
de las necesidades de la población. La confianza social en el desempeño
de los talleres y operarios estatales es baja, por lo que muchos buscan a
particulares, más eficientes, que realicen la labor con más
calidad. Pero sólo el régimen posee los insumos necesarios, y los
facilita con el requerimiento del pago de la mano de obra, con lo que duplica
sus ganancias.
Para escamotear al cubano no hay diferencias entre su holgura económica
o la más perentoria necesidad de los menos favorecidos.
Es sobre aquéllos que no tienen otra opción (la gran mayoría
de los cubanos) que remitirse a los talleres o empresas estatales que operan en
moneda nacional, en los que se aplica un sutil mecanismo de robos.
Roberto y Teresa no son ficticios, ni creados por mi imaginación.
Existen realmente. Como también existen cientos de cubanos que viven
diariamente situaciones similares a las vividas por ellos. Como bien dijo
Teresa: "Así es Cuba hoy".
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