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Con nombre,
pero sin rosa
Lucas Garve, CPI
LA HABANA, enero / www.cubanet.org - En las más importantes
bibliotecas cubanas hay una sección de fondos. Los fondos están
constituidos por materiales (libros, revistas, periódicos, documentos)
que guardan una valiosa información sobre personalidades, hechos, temas
de la vida humana, en esencia, la memoria de la vida del país.
A finales del año pasado, tuve interés en buscar información
sobre la prensa habanera a finales del siglo XIX y principios del XX. Acudí
a la Biblioteca Nacional y a la Biblioteca Martínez Villena con el
objetivo de revisar catálogos, y solicitar el examen de publicaciones
necesarias.
En respuesta a las solicitudes realizadas, las bibliotecarias me explicaron
que debía presentar una carta pidiendo autorización de revisión
de fondos, en la cual debía exponer el objetivo de la investigación,
donde un organismo o institución del Estado avalara la categoría
de investigador del demandante de la información.
En realidad me fue imposible acceder a los fondos, pero podía revisar
las fichas de los catálogos.
La cuestión es que en los fondos documentales se encuentra la memoria
de la república antes de 1959, por así decirlo. Y justamente esos
materiales son los que sólo pueden ser examinados por los investigadores
autorizados.
Resulta pues, un joven de una veintena de años que desee conocer
hechos, personalidades o temas de esa época no puede acceder a las
fuentes de aquel tiempo y sacar sus propias conclusiones. Tiene que acudir a las
interpretaciones de esos hechos, personalidades o temas que se ofrecen en las
ediciones impresas por el régimen cubano, mediante las que él
difunde su criterio.
La razón dada para justificar esta restricción de los fondos
documentales es la necesidad de conservación de los mismos, en su mayoría
en mal estado.
Esta es la situación actual de los fondos documentales, semejante a
la de la novela de Humberto Eco, En nombre de la rosa, situada en la época
medieval, cuando en las bibliotecas de los conventos se guardaban obras con el
saber clásico de la antigüedad que la jerarquía religiosa no
mostraba con el propósito de conservar su poder ideológico sobre
la población, y por el miedo a que "otra verdad" fuera
conocida.
En fin, que el pasado histórico está embargado realmente, con
un nombre, pero sin rosa.
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