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A paso de
bastón: Mujeres
Manuel David Orrio, CPI
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Por estos días, diz que de
elecciones al parlamento cubano -un candidato para cada escaño- a mi
esposa Regla se le ha ocurrido nada más y nada menos que someterse a una
cirugía estética para recuperar aquella cintura de avispa que una
noche marzo de 1998 me dejó literalmente bizco.
"¡Mujeres!", acostumbra a exclamar un personaje de la
telenovela cubana de turno, como para expresar su escepticismo ante la
posibilidad de que las hijas de Eva se atengan a cierta lógica más
o menos cartesiana, al menos en lo referido a la administración de sus
encantos. Y ¡mujeres!, debería de decir este tiranizado marido, de sólo
pensar en que a Regla se le ocurra entrar a un quirófano de esta
complicada Cuba, nada más por mejorar la estética.
Ya se sabe que la Isla es proclamada por el gobierno como potencia médica.
Sus más de 60 mil galenos parecen avalar la existencia de un capital
humano capaz de garantizar una salud pública de competencias mundiales.
Por lo menos en lo que me atañe, familiares o amigos médicos o
estomatólogos exhiben talentos respetables para cualquier escenario, aún
cuando comparar las cifras oficiales en materia de salud con la cruda realidad
de los hospitales cubanos sea, más que motivo de duda, causa de indignación.
Mi esposa ya fue diagnosticada. Según parece, será una cirugía
sencilla pero molesta. Habrá de hacer reposo, y me veré ante el
reto de compaginar periodismo con auxilios hospitalarios y hogareños. Mis
burlones colegas vaticinan a un Orrio distraído, que se presenta a una
conferencia de prensa sin haberse despojado del delantal. Mientras tanto, ya
estoy tirándome de los pelos por sólo leer la lista de medios que
mi esposa habrá de llevar a un hospital de la llamada potencia médica,
para poder estar allí como ser humano y persona decente. Y aclaro: la
lista fue confeccionada por el cirujano que empuñará el bisturí.
Por el mismo cirujano que día tras día recorre las áreas de
uno de los hospitales más importantes de Cuba, cuyo nombre es Calixto
García.
Dice el especialista -no yo, el acusado de "vendepatria"- que
Regla DEBE llevar, además de los lógicos efectos personales, un
balde para cargar agua, papel sanitario, sábanas, almohadas, cubiertos de
mesa, una frazada de cama, toallas, vasos y batas de estar en casa. Así
de simple.
Quien como yo ha pasado por la experiencia de visitar un quirófano en
ocho de sus 49 años de vida, dado mi plan de rehabilitación de
secuelas de poliomielitis, sabe que la anormalidad de exigir al paciente el
aporte de tales medios trasciende a las meras escaseces propias de más
de diez años de llamado período especial, para ser una denuncia
del estado real de la higiene en los hospitales isleños, por cuanto uno
que se respete, exactamente por razones preventivas, prohíbe
terminantemente, para sólo citar un ejemplo de entre lo exigido, el
empleo de sábanas no tratadas por los sistemas higiénicos de la
propia institución. Para colmo, un amigo experto en ingresos en el
hospital de marras, me aconsejó: "Garantiza comida. Si no, tu mujer
pasará hambre".
Quizás me equivoque, si comparo lo que narro con la desastrosa
situación de la salud en África, a donde cualquiera diría
que algunos pretenden trasladar a Cuba, país que 50 años atrás
ya podía enorgullecerse de sus sistemas de salud, no obstante muchas
carencias de entonces. Por lo pronto, y en lo que medito sobre semejantes
profundidades, cada vez que mi esposa habla de la cirugía, elevo los ojos
al cielo y mascullo: ¡mujeres!
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