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Responsabilidad
civil del intelectual (II)
Jorge Alberto Aguiar Díaz, Grupo Decoro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Muchos intelectuales dentro de Cuba están
atrapados en la contradicción de su propia lógica discursiva.
Desconfían de cualquier proyecto político de la oposición
interna, o incluso de un proyecto de reforma constitucional como el Varela, y
sin embargo apoyan, con el silencio y la indiferencia, el proyecto social, político
y económico de una revolución que pudo ser gloriosa, pero fracasó.
Es cierto que la demagogia se asimila mejor allí donde no existe una
sólida tradición democrática. ¿Pero, qué más
demagógico que el gobierno cubano? El populismo, disfrazado de "cultura
general integral" -en un principio llamado "cultura masiva"- la
propaganda y el adoctrinamiento en lugar de educación, la agitación
política, las marchas multitudinarias, el fervor patriótico y el
nacionalismo a ultranza, ¿no son prácticas de una demagogia
delirante?
La libertad es servidumbre cuando es dictada por la voluntad de un solo
hombre. ¿Dónde están nuestros intelectuales para opinar y
debatir sobre las libertades individuales?
No basta el cinismo y la ironía con que se defienden muchos
intelectuales dentro de Cuba, en esa zona ambigua de resistencia donde han
escogido refugiarse hasta que pase la tormenta.
Defender una cultura es también defender los derechos humanos. ¿Cómo
olvidarnos que la cultura es inseparable del ámbito jurídico, económico
y político?
¿Hasta dónde los intelectuales, con su peligroso silencio, también
construyen campos de concentración?
La coacción del gobierno cubano es todavía efectiva y rentable
por la nula participación de los intelectuales en la vida pública.
No deberían olvidar los intelectuales cubanos que la indiferencia por
apoyar cualquier proyecto colectivo, aunque sea de una minoría, no es
solamente miedo a la demagogia, es también un prejuicio pequeñoburgués
de superioridad ante las masas.
¿Es ético que un intelectual se preocupe solamente por su éxito
personal o profesional, si de todas formas, opine o no en la vida pública
de un país, las masas no entienden nunca nada, e incluso, como rebaño,
apoyan a sus líderes sin cuestionamiento alguno?
Por supuesto que los intelectuales no son los culpables o victimarios de la
crisis que atraviesa el país. Ellos también son víctimas.
El estado cubano los humilla, los compra con prebendas, los silencia con
astucia.
El cansancio frente a la historia, que puede manifestarse como pesimismo,
enajenación o autismo metafísico, de los intelectuales dentro de
Cuba no es otra cosa que la destrucción sistemática, por parte del
régimen, de la capacidad de resistencia moral de todo un pueblo.
Pero, ¿hasta cuándo los intelectuales cubanos soportarán
el miserable papel que les ha asignado el castrismo?
Pudiéramos incluir aquí a los intelectuales de la emigración,
no a los del exilio, por supuesto,. El gobierno cubano tiene sutiles mecanismos
de represión y chantaje, y dividir a la diáspora en exiliados y
emigrados fue uno de sus triunfos más contundentes.
Con tal de viajar a la isla, y así poder entrar y salir con
autorización del gobierno, los intelectuales de la emigración son
los que apoyan, con más fuerza y de una manera desvergonzada, a un régimen
que anula todas las libertades.
El silencio de esos intelectuales, su indiferencia, su oportunismo, son
lamentables. No deberían olvidar que existen muchas maneras de legitimar
a una dictadura.
¿Cómo pudieron escapar al mundo libre y no dar testimonio del
horror que sufre un pueblo?
¿Por qué para estos intelectuales la conciencia es siempre falsa
conciencia?
¿Se han percatado, acaso, de que estamos hablando de seres humanos que
viven perseguidos, que son encarcelados por sus opiniones políticas, por
defender sus derechos, o que han muerto en cárceles donde son torturados?
¿Cuáles valores defienden los intelectuales que no asumen la
responsabilidad civil, vivan en Cuba o sean emigrados?
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