|
La
responsabilidad civil del intelectual (I)
Jorge Alberto Aguiar Díaz, Grupo Decoro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Se ha dicho que los intelectuales, al
menos una gran parte de ellos, miran con escepticismo el futuro. Tal vez tengan
razón porque el discurso de la mayoría de los políticos
suele ser demagógico.
¿Hasta dónde la libertad de prensa en una democracia se ve
afectada por intereses capitalistas? ¿El liberalismo económico
contradice el fundamento político de la democracia? ¿Cómo
poner fin a la corrupción, al narcotráfico y al terrorismo? ¿Un
gobierno nacionalista puede ser verdaderamente democrático? ¿Hacia dónde
marcha la sociedad de consumo?
Los intelectuales desconfían de las respuestas fáciles y
simplistas que muchas veces los políticos suelen dar a preguntas que
indagan sobre pérdida de valores morales en una democracia.
Después de tantas utopías que terminaron en campos de
concentración, totalitarismo, falsas democracias basadas en el consenso,
sociedades desarrollistas que arruinaron el ecosistema del planeta, ¿qué
podemos esperar del futuro?
Tal vez entonces sea comprensible "la sospecha de los intelectuales".
Sospecha que se fundamenta en una gran incertidumbre por el porvenir y en un
ajuste de cuentas con el pasado; es decir, con el proyecto de la Modernidad de
querer construir una sociedad más justa.
Sin embargo, nada de lo anterior justifica -ni hace comprensible- "la
actitud de los intelectuales".
Es cierto que el intelectual no es un hombre de acción, pero ¿dónde
están sus opiniones, sus criterios, sus ideas? Es decir, dónde que
no sea en las academias y salones.
¿Desconfiar del futuro significa darle la espalda a un presente lleno
de injusticias sociales, confusión de valores y violaciones masivas de
los derechos humanos?
En el caso cubano el silencio de sus intelectuales se traduce en una
complicidad de doble moral, de oportunismo y miedo con un régimen
antimoderno que los humilla y persigue cuando se apartan de la ideología
oficial.
La desconfianza por el futuro político de Cuba que sienten los
intelectuales dentro de la isla se ha convertido en la coartada perfecta para no
participar en la vida pública del país.
Es cierto que dentro de la intelectualidad cubana existen zonas de
resistencia. Incluso en muchas instituciones la ideología oficial no
logra cohesionarse porque muchos intelectuales la cuestionan, subvierten sus
presupuestos, siempre desde un cinismo o una ironía que les permite
burlar y transgredir la prédica nacionalista y el discurso político
del Partido Comunista.
Es una manera inteligente y astuta de resistir porque de esta forma no
pierde un posible viaje al extranjero, un empleo, la esperanza de conseguir una
vivienda, o la seguridad de no ser interrogado por sus opiniones.
El Ministerio de Cultura no confía en muchos artistas que son
potencialmente disidentes, o que nunca van a acatar determinadas normas o
directrices. Un ejemplo elocuente fue la delegación cubana que asistió
a la Feria del Libro de Guadalajara. ¿Por qué no fueron invitados
algunos poetas y escritores con una obra importante y reconocida? Obviamente,
sobre estos "intelectuales de la resistencia", el Ministerio de
Cultura y el gobierno cubano tienen poco control ideológico; no resulta fácil
su manipulación para los intereses propagandísticos de la política
oficial.
Sin embargo, no se trata de resaltar este fenómeno de la resistencia
más o menos solapada, que es y será siempre útil, sino que,
tal vez, sea el momento de preguntarnos: ¿cuándo van a opinar
abiertamente los intelectuales en Cuba, o durante un viaje al extranjero, sobre
asuntos que conciernen, no al incierto destino político del país,
sino al miserable y sin futuro presente?
Si los intelectuales de la isla no quieren hablar u opinar de política
¿por qué no hablan u opinan sobre derechos humanos? Por ejemplo, ¿por
qué no han exigido que se publique el Proyecto Varela, aunque no lo
firmen? ¿Por qué no apoyan la necesidad de una prensa independiente,
aunque no participen en ella?
Los intelectuales cubanos muchas veces se hablan a sí mismos y no
quieren escuchar.
¿Qué sentido tiene preocuparse filosóficamente por el
papel del sujeto en la historia moderna o en el porvenir, y no opinar sobre la pérdida
de libertades individuales en el presente, en una sociedad donde la educación
es gratuita pero condicionada, donde el problema racial está latente, y
donde existe homofobia, machismo, apartheid económico, explotación
de millones de obreros sin derechos sindicales, persecución y represión
violenta de disidentes y opositores, y muchos asuntos sobre los cuales la
intelectualidad guarda silencio?
No asumir un compromiso político puede ser tan comprensible como
sospechar de un futuro incierto, pero ello no justifica la renuncia de la
responsabilidad civil.
La complicidad a través del silencio ha sido, a lo largo de la
historia, uno de los métodos más eficaces de cualquier tiranía.
Deberíamos recordar lo que dice un personaje de la novela Respiración
Artificial, de Ricardo Piglia: "Las palabras preparan el camino, son
precursoras de los actos venideros, la chispa de los incendios futuros".
Esta información ha sido transmitida por teléfono,
ya que el gobierno de Cuba no permite al ciudadano cubano acceso privado a
Internet. CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza
la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como
fuente.
|