PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 27, 2003

SOCIEDAD
Sin permiso para ser libre

LA HABANA, agosto (Tania Díaz Castro / www.cubanet.org) - El día que nací, 30 de abril de 1939, había fiesta en Camajuaní, mi pequeño pueblo villaclareño. Según me dijeron, nací a las seis en punto de la tarde, cuando comenzaron las detonaciones de los fuegos artificiales, y el cielo se llenó de luces de colores.

Aquel era un pueblo alegre y fiestero, amante de bailes, carrozas, tómbolas, changüís, comparsas y todo lo que proporciona felicidad a su gente.

Una de mis tías maternas, la más joven y bonita, prefirió quedarse a mi lado aquella noche, contemplar mis ojos abiertos y mi carita risueña. Yo era, vaya acontecimiento, la primera nieta de mi abuela, la primera sobrina de mis nueve tíos y tías, la primera hija de mis padres.

Lo más importante de toda esta historia es lo que exclamaba mi madre a medida que yo crecía, pulgada a pulgada: "Esta niña lleva la libertad por dentro. Nadie podrá ponerle freno en su vida".

Y fue así. En eso mi madre no se equivocó. Como lo sabía, jamás me acostumbró a que yo tuviera que pedirle permiso para jugar fuera de mi casa, a quedarme más tiempo en la escuela, para tener novio o hacer el amor antes del matrimonio.

Siendo adolescente combatí la dictadura de Batista a grito pelado. Repudiaba a los moralistas. Por suerte no tuve contacto con personas del movimiento revolucionario que dirigía Fidel Castro. Me hubiera visto obligada a poner una bomba en un cine o formar parte de su guerrilla armada.

Al triunfo del régimen castrista me incorporé a sus actividades sin pensarlo dos veces. Yo era libre de hacer lo que quería. Más tarde tuve mis tropiezos en el ejercicio del periodismo oficialista y por último, allá por el año 1986, me desvinculé del régimen.

En 1988 a Fidel se le ocurrió condenarme a un año de prisión por fundar una organización de derechos humanos. Este fue el peor año de su gobierno: se desplomó el campo socialista y se fusiló a un Héroe de la Patria. También se escucharon rumores de que Castro había sufrido un infarto cardíaco.

Hoy, la policía secreta cubana nos hace saber que no podemos ejercer el periodismo libre. Muchos de mis colegas, amigos y hermanos cumplen largas condenas en celdas infrahumanas por ese motivo.

Pero yo continúo escribiendo como pienso. No me amedrento. No retrocedo. Ya anciana, con 64 años de edad, sigo sintiéndome libre, feliz con la vida, satisfecha de la vida, enamorada como una tonta de la vida, amante fiel de la libertad.


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