La
incertidumbre social de los ancianos pinareños
Víctor Rolando Arroyo, UPECI
PINAR DEL RIO, enero (www.cubanet.org) - Cientos de ancianos residentes en
el municipio Minas, en la provincia cubana Pinar del Río, esperan con
ansiedad que muera algún compatriota en la pequeña edificación
que funciona como Casa de los Abuelos (una especie de asilo) en esa localidad,
para que así quede disponible una de las 25 plazas habilitadas por el
gobierno de Fidel Castro para las personas de la tercera edad desvalidas.
Esta situación se confirmó en los restantes 14 municipios de
la provincia pinareña.
"Debemos esperar que alguien muera, pues es la única forma de
que otro pueda mejorar" -aseveró Marcos, octagenario, minero
retirado tras 40 años de labor para el gobierno cubano, que vive solo y
cuya jubilación es equivalente a 9.70 dólares mensuales.
El ex minero agregó: "Los necesitados en este territorio (en el
municipio Minas) suman miles y, por lo general, son jubilados del sector de la
minería que se han quedado sin familia. Sin embargo, la atención a
nosotros sólo son 25 plazas en la Casa de los Abuelos y un par de
comedores donde se venden raciones de comida que no nos satisfacen en nada
nuestras necesidades alimentarias".
Según fuentes oficiales, el 15 por ciento de la población de
Pinar del Río pertenece a la tercera edad y poco más del 4 por
ciento de ellos viven solos, generalmente en precarias condiciones de vida.
Para solucionar este problema, el gobierno de Castro habilitó en la
provincia alrededor de medio millón de plazas en las llamadas Casas de
los Abuelos, a las que se suman unas 300 capacidades en otros asilos, además
de existir algunas decenas de comedores donde se ofertan algunos alimentos de
mala calidad y mal elaborados que, por cierto, no son tan baratos como se quiere
hacer ver en la propaganda gubernamental.
Paralelamente, se evidencia la hostilidad del régimen hacia algunas
instituciones religiosas que intentan facilitar alimentos, reparar viviendas o
prestar algunos otros servicios básicos al creciente y necesitado
segmento social de los ancianos pinareños.
Por tanto, el 2002 se caracterizará, entre otras adversidades, por la
incertidumbre social de los ancianos de Pinar del Río.
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