¿Exodo
de deportistas cubanos?
Miriam Leiva
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - En Cuba, el deporte competitivo es
amateur. Esto es proclamado por el gobierno, que toma como una afrenta que
muchos de los más destacados deportistas deseen competir por un premio
material o contratarse en equipos de renombre. Sólo pueden hacerlo
mediante la intervención gubernamental. Para salirse de esta férrea
política, las estrellas deportivas tienen que abandonar definitivamente
el país y quedar expuestas a los más ultrajantes calificativos aún
cuando el pueblo continúe considerándolas ídolos.
Indudablemente, la aseveración inicial es refutable. El amateurismo
no existe en Cuba. Los jóvenes desde que descollan en determinados
deportes son incorporados a escuelas y equipos élites. Su trayectoria política
debe ser intachable para progresar, a pesar de sus méritos deportivos. Se
les inculca que sólo en un sistema como el imperante pueden personas
humildes ascender a los lugares alcanzados por ellos y, por tanto, deben
sentirse agradecidos y comprometidos con "el país", lo que
significa "el sistema".
En determinado momento de su vida deportiva, y según el nivel del
equipo con el cual estén compitiendo, reciben un salario usualmente como
empleados de algún centro de trabajo, a donde pocas veces asisten debido
a permisos para entrenamiento y competencia. Los salarios en Cuba son muy bajos,
por lo que sus condiciones de vida resultan muy modestas.
A los más destacados el gobierno les entrega viviendas y hasta autos.
Estos "estímulos" han ido ganando valor a medida que las
necesidades económicas de Cuba han llevado al Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) a procurar
financiamiento adicional al suministrado por el presupuesto estatal, durante el
llamado período especial que se extiende por más de once años.
Lógicamente, estos financiamientos deben surgir de los deportistas y
entrenadores. Si antes se apelaba "a la solidaridad con los países
amigos", a ello se ha unido con fuerza la búsqueda de competencias
con premios en dinero y la contratación. Pero los deportistas no reciben
lo que ganan, sino que el Estado cobra y se queda con la mayor parte.
Supuestamente ello no constituye explotación, sino la contribución
al mantenimiento y auge de "Cuba como potencia deportiva mundial", a
fin de que muchos otros talentos puedan desarrollarse como ellos han hecho.
Esta política comenzó a aplicarse cuando en la década
de los años 90 destacados peloteros fueron llevados al retiro y poco
después contratados en Japón. Al parecer se necesitaba un tiempo
para que el cambio de mentalidad de los dirigentes y del pueblo asimilara que se
podía jugar como profesionales, por lo que se requirió un paso
intermedio: el retiro.
Impedir la contratación propia ha ocasionado muchas pérdidas
importantes, fundamentalmente en la pelota y el boxeo. Poco a poco los
deportistas se dieron cuanta de que podían realizar carreras
significativas, ser admirados dentro y fuera de Cuba y ganar mucho dinero, con
lo que su nivel de vida y el de sus familias mejorarían sustancialmente
sin tener que estar agradecidos eternamente y, por tanto, dependiendo de tener
lo que buenamente se les quisiera dar.
De tal suerte, el éxodo ha sido constante a pesar de las múltiples
restricciones a los deportistas durante sus viajes al exterior, que incluyen
miembros de la Seguridad del Estado, especialmente en las delegaciones masivas
para las Olimpiadas, copas mundiales y otras competencias.
Se destacan personas como El Duque Hernández, que es uno de los
principales miembros del equipo de los Yankees de New York. Otros, no tan
exitosos, de todos modos comprendieron que podían jugar, ser entrenadores
o realizar actividades relacionadas con el deporte. Por ejemplo, en el equipo de
baloncesto, Ruperto y Roberto Carlos Herrera, hijos del entonces comisionado
nacional del deporte y ex astro Ruperto Herrera, aprovecharon competencias para
permanecer en Argentina y Puerto Rico, respectivamente.
Algunos han adoptado la ciudadanía del país donde residen y
participan en los equipos nacionales, lo cual el gobierno cubano trata de
impedir. Tal es el caso de Niurka Montalvo, quien no pudo competir en las
olimpiadas de Sidney en el 2000, lo que motivó serios roces con las
autoridades españolas.
La deserción en Bélgica, a fines de diciembre de 2001, de seis
miembros del equipo nacional de voleibol constituye la comidilla en toda Cuba.
La noticia se conoció por la radio extranjera, ya que, como de costumbre,
los medios de prensa nacionales no lo han anunciado. De inmediato, resulta difícil
confirmarlo, aunque es sintomático que no lo hayan desmentido.
Se habla de los estelares Ramón Gato, Angel Denis, Giovani Hernández
y Leonel Marshall, así como de dos novatos. Un éxodo masivo
semejante impondría al equipo mucho tiempo para recuperarse, tanto
deportiva como psicológicamente, y sería un duro revés para
la política respecto al deporte de las autoridades cubanas.
Esta información ha sido transmitida por teléfono,
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