Discrepar se
ha vuelto peligroso en la oposición
Reinaldo Cosano Alén / CubaNet
LA HABANA, octubre - Cierto día de 1996, y porque era uno de los
cuatro vicedelegados nacionales de Concilio Cubano, me consideré en la
obligación de cuestionar el artículo publicado por un periodista
independiente. Su texto me pareció entonces inoportuno y demoledor contra
Concilio Cubano.
Muy disgustado, comenté el asunto con una amiga que por aquellos
tiempos era funcionaria diplomática en Cuba. Ella ya había leído
el escrito en cuestión y su respuesta me dejó petrificado: "Profesor,
ése es el criterio del periodista. ¡Responda exponiéndole el
suyo!"
Y después agregó: "¡Eso es democracia! Lo que ocurre
es que ustedes, los cubanos, no están acostumbrados a vivir en democracia".
Sabia reflexión que no ha perdido actualidad.
Sobredimensionado por unos, minimizado por otros, pero envuelto en
querellas, el Proyecto Varela (que data de 1991) como antes ocurrió con
Concilio Cubano se ha convertido en foco de pugnas, antagonismos, contexto en el
que se pierde la ética y sobran los ataques a fondo.
Del Proyecto Varela se dice que es propuesta comunista para dividir a la
oposición y mantenerla en niveles no peligrosos para el régimen de
Fidel Castro. Por carácter recíproco, sus seguidores son tenidos
como colaboracionistas del sistema totalitario.
Por su parte, los partidarios del Proyecto Varela, a los que se les denomina
"varelistas", andan diciendo que quienes los impugnan son agentes del
gobierno y que éste "debe estar gozoso con tantos agentes dentro y
fuera del país".
Ya no queda espacio para la reflexión serena, decente, democrática.
Discrepar se ha vuelto peligroso en la oposición.
Pienso que en estas pugnas pesan mucho -demasiado- consciente o
inconscientemente los más de cuarenta y dos años de totalitarismo,
los que se manifiestan en cierto patrón de conducta ciudadana
caracterizado por la censura, autocensura, miedo político, doble moral,
egoísmos, presiones autocráticas que se reflejan en la confrontación
de ideas a ultranza, falta de pluralidad y hasta de decencia. Se exige
unanimidad en todo, como lo exige el Partido Comunista de Cuba.
¡Hay que romper el molde castrista y las pretensiones de dómine!
Se perdió la memoria histórica de Concilio Cubano, sus
experiencias.
Concilio Cubano (1995-1996) fue idea maravillosa que dio muestras de madurez
política al lograr unir, casi sin excepción, a la disidencia en
reclamos democráticos básicos al gobierno de Fidel Castro, entre
los cuales -como ahora pretende el Proyecto Varela- el plebiscito nacional para
que la dictadura entregue el poder, demanda que siempre ha desoído.
Pero absurdas ansias de protagonismo destapadas y groseros surgimientos de
bandos internos, así como los consabidos ataques y contrataques -sin duda
aprovechados por el gobierno- no sólo liquidaron al proyecto
parlamentario independiente, sino que dejó secuelas mayores de recíprocas
desconfianzas, desilusión de inviabilidad de la propuesta y fragmentación,
además del éxodo de líderes políticos que optaron
por abandonar el país.
Creo que ni Jeremías ni Moisés ni Ezequiel, los tres profetas
mayores del Antiguo Testamento, podrían predecir el futuro próximo
de Cuba: si la democracia y la libertad retornaran con la recogida de diez mil
firmas -y el tiempo pasa- de entre los once millones de ciudadanos con que el
castrismo dice disponer a su favor o porque, como lo creo, continuará
acelerándose el proceso de fracasos y desgastes del gobierno, incluidas
las presiones internas (luchas cívicas) y externas para que Castro
abandone el poder. Será el tiempo, como juez supremo, quien decidirá.
Pero se impone, ante todo, el diálogo franco en la disidencia, sin
distorsión de la ética, promoviendo el respeto y la honra
ciudadana entre nosotros mismos, lo que tampoco quiere decir excluir el
necesario debate de ideas.
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