Enrique Pattterson. Publicado el jueves, 5 de abril de 2001
en El Nuevo Herald
Los días seis y siete de abril, un grupo de intelectuales, escritores
y artistas se reunirán en el Storer Auditorium de la Escuela de Negocios
de la Universidad de Miami para rendir homenaje al poeta Heberto Padilla. Todos
los cubanos estamos en deuda con Heberto Padilla por muchas razones: Heberto ha
dejado el patrimonio de una obra liberadora y comprometida con el destino del
individuo aplastado por el poder de una maquinaria estatal y política
infernal; el mensaje de El justo tiempo humano, Fuera del juego y Provocaciones
crece y espiritualmente nos libera en la misma medida en que el impuesto por la
revolución castrista se desprestigia y pesa como un fardo asfixiante en
nuestras vidas.
Padilla caminó por este proceso totalmente solo, o al menos sin la
compañía de los intelectuales de su generación, de los que
se esperaba tuvieran la ética y la lucidez que él tuvo. En el
momento en que él solo se enfrentaba con un estado de una vocación
represiva desconocida en nuestra historia, la mayoría de los
intelectuales cubanos le dieron la espalda por miedo unos, porque creyeron u
optaron por la comodidad y el bienestar que propiciaba aplaudir y entonar los
cantos de sirena de la nueva utopía; de modo que, para vergüenza de
nuestra república de las letras, fueron intelectuales y artistas
extranjeros los que asumieron gestos y acciones solidarias. Otros intelectuales
cubanos --algo no criticable-- al intuir que el país iba en camino de
poner en escena una versión de la granja orwelliana, se fueron para
evitarse esa película de mentiras, terror y teatro bufo. Sin embargo,
Heberto Padilla --que también lo intuía-- optó por la
permanencia incómoda y luego peligrosa para ejercer la condición
del poeta que sólo se debe a su palabra, y la de individuo cuya soberanía
está por encima de la razón de estado. El poeta ejerció
estos atributos dentro, a pesar del poder en solitario, con vocación
suicida.
La confluencia de esos dos imperativos, una exquisita sensibilidad y un
dominio de la poesía, que le permitían convertir en materiales poéticos
realidades que otros habrían desdeñado, disfrazando su limitación
o su miedo con el argumento de que la poesía no debe inmiscuirse en
ciertos campos, le permitieron realizar una obra poética no sólo
novedosa por su contenido, sino también --y es importante destacarlo--
por una concepción y ejercicios de la poesía que no tienen
antecedentes en la literatura cubana y de lengua española, y que lo
emparentan, en cuanto a concepción, tanto con los poetas clásicos
latinos y la gran poesía en lengua inglesa como con la rusa disidente
producto de la revolución de octubre.
El mejor homenaje a esta obra aleccionadora y ejemplar es su estudio y análisis
profundo pues, en definitiva, su poesía --ahora lo vemos claro-- "alumbra
mejor que una lámpara sobre (nuestros) círculos de miedo'', en
cuanto sitúa al poeta no como el búho de Minerva hegeliano que
aparece en este caso con su lira sólo para cantar a favor o para
entretener a los vencedores o para condolerse de los vencidos cuando todo ha
pasado. Heberto convierte al poeta, armado estrictamente de su palabra, en un
protagonista histórico de primer orden, y a la poesía en un
instrumento de conocimiento capaz de volar la realidad que construimos en su único
sentido: si ésta enriquece y mejora nuestra breve estancia en el "justo
tiempo humano''.
Es por eso que se trasladan hacia acá escritores, poetas, críticos
e intelectuales del otro lado del Atlántico y de distintas partes de
Estados Unidos y México. El viernes 6, a partir de las 2:00 p.m., un
panel desarrollará temas relacionados con la biografía y la poética.
Entre los panelistas viene desde Islas Canarias ese excelente poeta que es
Manuel Díaz Martínez, quien formó parte del jurado con
Lezama Lima, César Calvo, José Zacarías Tallet y J. M.
Cohen que otorgó a Fuera del juego el premio UNEAC de poesía en
1968, con justicia poética y ética superiores al jurado que en
1962 despojó del premio Casa de las Américas al libro El justo
tiempo humano a favor de Por esta libertad, de Fayad Jamis, totalmente inferior
pero panfletario. Igualmente estarán el novelista chileno Roberto
Ampuero, las poetas Nivaria Tejera y Lourdes Gil.
El día siete (de 9 a 10:15 a.m) bajo el título de Narrativa y
Filosofía, disertarán Jesús Díaz, Emilio Ichikawa,
Perla Rosencvaig y quien escribe. De 10:30 a 11:45 a.m. bajo el título
Poesía y Etica disertarán el novelista Pablo Medina, la poeta
Nivaria Tejera, y los escritores Ricardo Pau Llosa y Leandro Soto. Y de 2:00 a
3:30 p.m, bajo el título Historia y Derechos Humanos disertarán el
académico Jaime Suchlicki, la bibliotecóloga Esperanza de Varona,
la jurista Laura Y. Tartakoff y el historiador y crítico Rafael Rojas.
El homenaje no se reduce a los paneles. Habrá conciertos,
conferencias y no puedo dejar de detacar un acto tan hermoso como el que se
efectuará el día seis de 7:30 a 9:30 en Books & Books (265
Aragón Ave) donde muchos participantes en los paneles y poetas leerán
poemas de Heberto, entre ellos los poetas Marta Padilla, Uva de Aragón,
Arístides Falcón, Lourdes Gil, Nivaria Tejera y otros.
Se sabe que el gobierno cubano tiene una vocación necrófila,
que espera a que sus víctimas mueran para comenzar el rito de apropiación,
si es que la obra lo permite. En el caso de Heberto Padilla, éste es un
acto muy difícil, pero el estudio abierto de su obra es el mejor escalón
para impedirlo |