Nombrar la gente
Lucas Garve, CPI
LA HABANA, octubre - El día que un marciano aterrice en algún
lugar de Cuba con una lista de nombres comunes y corrientes en su diccionario
electrónico último modelo constatará, aterrado, que los
nombres de los terrícolas de esta isla no corresponden a los de su
inventario.
Lo que sucederá con el extraterrestre aún no lo sé,
pero, quizás, busque en su aparato la palabra ¡solavaya!
¡Cuidado! Ponga atención a la selección del nombre de su
hijo o hija. Puede ser que logre el desamor filial cuando suene la hora del
arribo a la adolescencia o la adultez de su retoño.
En Cuba, ahora mismo, hay tantos adultos que desearían cambiarse el
nombre. El que sus padres le otorgaron. Hace mucho se acabaron aquellos Juanes
o Juanas, Tomás o Tomasa, Cándida, María, Rosa, Isabel,
Diego... Pasaron de moda.
Desde mediados de los 70 comenzó una ola de nombres ajenos a la
tradición (evidentemente la causa es tantos años sin almanaques
con santoral al dorso). ¿Y de dónde salen esos nombres si no es del
cerebro obstinado por el apagón? ¡Por eso hay quienes cargan con
cada nombrecito!
Traigo como ejemplo -en la más amplia acepción de la palabra-
Xuraxix, Elleans, Erkides, Yurimay, Odlanier, Lysuette y el incomparable Leigüizoo
Zaas. ¡Le Zumba!
Para abundar en este fenómeno, opto por aclarar ante todo que carecen
de género; no identifican por su sexo al portador. Segundo, predominan
entre ellos los que llevan la "Y" en posición inicial del
nombre y en final, como son los casos de: Juleydy, Yusleydys, Yumara, Dilmery,
Yakima, Yuriane. En muchos casos, la letra final son las consonantes:
s,y,n,r,g,x,l. De una lista de cincuenta nombres "modernos", 36
comienzan con consonantes, 18 inician con la consonante "y". Además,
la muestra recogida es bastante modesta.
Mas hay otro lado del asunto muy interesante. ¿Se ha preguntado usted
acaso el por qué del surgimiento de estos nombres raros? Cuando a su
descendiente el padre o la madre le ponen el nombre que uno de ellos lleva,
desean de algún modo arrastrar la vida del recién nacido por los
mismos caminos que ambos padres hasta ese momento recorren; nombrar los hijos es
también una manera de prolongar la existencia de los padres.
Pues, hoy en Cuba son muy pocos los que desean para sus hijos la misma
suerte que ellos han corrido.
Existen aquí tantas regulaciones, reglamentaciones, prohibiciones.
No-digas-esto, ni-lo-otro. Entonces, uno de los actos más libres que nos
queda ajeno a la injerencia del Estado socialista es el de poner el nombre al "vejigo",
al "chama", o sea, al niño.
Un hombre de edad muy avanzada le preguntó al niño, que con su
madre lo visitaba: "¿Y cuál es la gracia del niño?"
La mujer contestó: "Ay Manolo, el niño se llama Yesni..."
El señor exclamó: "Y ese nombre tan raro, ¿no es una
mala palabra?"
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