Respuesta totalitaria al desafio
Jesús Zúñiga
LA HABANA, octubre - Una declaración de guerra ideológica y
una mayor represión a la oposición pacífica desatada en las
últimas semanas conforman la fotografía de la Cuba de este fin de
siglo.
Para quienes estamos acostumbrados a las porfías marxistas de los
dirigentes comunistas de Cuba, las palabras, las arengas un poco tardías
ahora expresadas son síntomas de que la tolerancia y el respeto a los
derechos humanos brillarán por su ausencia en el reajuste del diseño
social que acomete el gobierno de La Habana, ahora bajo la justificación
del nacionalismo más "ferviente" y un regreso a la pedestre y
agresiva retórica anti-yanqui.
En los discursos oficiales no hay una sola frase, un solo párrafo,
que alimente en el cubano la reconciliación nacional. Todo lo contrario.
Se llama a cambiar la palabra pacífica por el discurso que clama por la
violencia social. El gobierno cubano reconoce los miles de desocupados que
deambulan sin esperanzas por las calles, analiza el desinterés de los
militantes de base para enfrentar a un enemigo que llega al país con dólares
en los bolsillos, trata de explicar por qué la juventud se aleja de los
postulados ideológicos y prefiere mirar hacia el norte en busca de la
felicidad.
Sin tapujos el régimen recaba de los comunistas no perder los
postulados nacionalistas y anticapitalistas, y enardece aún más
los sentimientos de odio hacia todo lo que sea norteamericano.
Cuba, sumida en una miseria social y económica irreparable, no
necesita de argumentos guerreristas. Las consignas no llevarán alimento a
la familias cubanas ni dejarán a los ciudadanos escoger voluntariamente
su destino. Esa es la realidad que hay que enfrentar.
Ya se sabe que se activarán nuevamente las Brigadas de Respuesta Rápida.
Ya se conoce que se reprimirá con violencia a la oposición, que
los juicios sumarios volverán a enlutar la conciencia nacional. Es una
guerra injusta contra un pueblo noble, donde no todos están dispuestos a
montarse al carro que la historia no justifica jamás.
La sociedad civil en Cuba es un hecho. Ni palabras ni discursos evitarán
la decisión de una nación que aspira a vivir en paz y en
democracia. Es evidente que se quiere desencadenar la intolerancia, pero la
verdad no está dispuesta a sucumbir en la irracionalidad aunque a esto se
le dé otro nombre.
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