La lectora
Diana Margarita Cantón
PINAR DEL RIO, octubre - Para mí fue una bonita experiencia conocer a
la lectora del despalillo. Era el único vínculo real con mi mundo
y tenía en mi mente la imagen positiva del papel de los lectores de
tabaquería en la historia revolucionaria y cultural de Cuba, que había
estudiado como profesora de Historia y Ciencias Sociales.
Mientras trabajábamos nos ponían los programas "Juventud
2000", las novelas de Radio Progreso y Radio Guamá: "Entre
nosotras", "Entre novelas", "Guaitabó" y otros
espacios. La lectora agregaba las noticias más importantes de tres periódicos
nacionales, así como artículos sobre el sida, el alcoholismo, las
drogas, la prostitución, la violencia conyugal y doméstica, arte,
deporte, cine... Leía materiales políticos referentes a los mártires
del Cuartel Moncada; sobre el nuevo sistema presupuestario de las empresas
socialistas, que entraría próximamente en vigor, y novelas de amor
de Corín Tellado, Padura, otros autores, y de ella misma.
La muchacha escribe incluso guiones para la radio. Ya se había leído
dos de mis novelas y ella las consideró impublicables en Cuba, al menos,
hasta el año 2020. No podía correr el riesgo de leerlas allí,
donde más bien hay que "recrear y desconectar a la gente para no
tener problemas".
Días después sacaron a la lectora de ese trabajo para el banco
de producción, pues lo consideraron más importante. Sus 17 libras
de tabaco valían más. A los funcionarios no les importaba que la
gente se embruteciera. Es mejor que no piensen, así trabajan más y
no protestan.
"La cultura abre las entendederas de la gente", dijo alguien. "Y
las compulsa".
La lectora no leyó más. Ella lo estaba esperando. Ya se lo habían
hecho anteriormente, por eso es que también es una buena despalilladora.
Lleva allí 12 años.
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