Los años del daño
Ricardo González Alfonso
LA HABANA, octubre - Todos los países tienen sus fechas fronteras. A
veces son como una línea sobre el césped, a veces como una
cicatriz. Cuba posee una que es un abismo: 1958-59. Esta época es a la
Isla como el año cero al mundo, sólo que sin redentor.
Lo más curioso de los límites temporales es que, contra todos
los augurios, hasta la vanidad puede tornarse en Historia. En el directorio
Social de La Habana´58 figura una colección de apellidos que dormían
en paz en el mismo volumen, mientras despertaban en trincheras opuestas. Hojear
ese libro es una aventura; pero, sobre todo, una enseñanza.
Todos los nombres de presidentes
Aparece Fulgencio Batista y Zaldívar -aliado y verdugo de comunistas,
según las circunstancias- próximo a viejos adversarios como Carlos
Prío Socarrás, entonces exiliado en el Penthouse del Hotel
Vendome, en Miami Beach, y Ramón Grau San Martín, quien cruzó
la frontera del tiempo -no la de la Isla- con una filosofía de bolsillo
que él llamó cubanidad.
Y no faltan, con el título de ex presidente de la República,
los nombres de Carlos Mendieta Montefur, y de Carlos Hevia y Reyes Gavilán.
Este último, tal vez, esté registrado en el Libro Guinnes con un récord
de brevedad: ¡24 horas en el poder! (del 16 al 17 de enero del 34).
Los vivos y los muertos
En el directorio de marras abundan otras contradicciones políticas, e
incluso militares. Una de ellas es que mientras el mayor general Francisco
Tabernilla y Dolz permanecía en su fortaleza de la página 723; en
pleno monte, y 17 hojas antes, el Dr. Humberto Sorí Marín, un
comandante guerrillero de la Sierra Maestra, estaba al frente del Departamento
de Justicia de la Administración Civil del Territorio Libre (A.C.T.L.).
Antes del 31 de diciembre del 58 algunos apostaban a que Batista y
Tabernilla morirían de viejos en el exilio, otros aseveraban todo lo
contrario; mas nadie pensó que Sorí Marín, quien fuera en
el 59 Ministro de Agricultura, caería fusilado un año y medio
después, no por el gobierno castrense que había combatido, sino
por la revolución castrista por la que luchó.
No fue el único que corrió esa suerte de muerte. ¿Se
figuraría Antonio de la Guardia Font desde la hoja 338 de la misma edición
que sería ejecutado tres décadas más tarde?
La unidad de los contrarios
¡Vaya año aquel 58! La ruleta de su directorio giró y giró
tanto, que mezcló a la alta sociedad con altos socialistas. Usted puede
hallar en sus páginas a millonarios como los Gómez Mena, los Sarrá
o los Bacardí; y, también, a marxistas como los Marinello.
Incluso al Dr. Raúl Roa y García, entonces decano de la
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de La Habana, y poco después
canciller del Estado revolucionario. El mismo que una década atrás
asumió la Dirección de Cultura de Ministerio de Educación
durante el gobierno del auténtico anticomunista Prío Socarrás.
Por cierto, sobre Raúl Roa se escribe en el Tomo X de la Historia de
la Nación Cubana, en el capítulo dedicado al periodismo
republicano: "(...) de estilo nervioso y agudo e independencia ideológica
(...)"
Al parecer, los períodos que colindan con los años fronteras
definen vidas, además de muertes. Pero, más que las violentas,
proliferaron las lentas, como suelen ser el exilio y la cárcel.
Los hombres y los nombres
Las páginas de ese directorio son algo más que un inventario
de éxitos, frustraciones y nostalgias. Usted puede encontrar aún
en ese abecedario de vanidades pinceladas risibles.
En este trópico no apto para europeos, a una condesa criolla se le
ocurrió bautizar a sus hijos con nombres de zares rusos: Pedro y Nicolás.
Poco después, por la misma patología -pero a la inversa- en
los registros civiles cubanos aparecerían más de un Fidel y de un
Ernesto Raúl. (Ahora se inventan nombres como Usnavi, o sea: US Navy,
Marina de los Estados Unidos). Sin embargo, ya hay niñas que se llaman
Libertad. ¿Será un presagio?
Epílogo
Los sabios dicen que la historia se repite. Los más optimistas
aseguran que en espiral ascendente. Quizás sea así. Pero, atentos:
nadie sabe cuándo será el nuevo año cero, el instante
exacto en que debute la próxima desesperación... o la última
esperanza.
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