Andar La Habana... pero con cuidado
Héctor Maseda, Grupo Decoro
LA HABANA, octubre - Ya no es posible moverse por las calles principales de
La Habana si caer en un hueco recién abierto, tropezar con un cúmulo
de escombros abandonados o hundirse en un charco de aguas albañales.
Constituye un verdadero heroísmo desplazarse de noche por cualquier
calle no alumbrada -como ocurre en casi todos los casos- de la inmensa mayoría
de los municipios que integran la capital. Usted no puede confiarse, pues de lo
contrario estará sujeto a sufrir un accidente o, en el mejor de los
casos, chapotear en un lagunato de aguas pestilentes.
Las pocas vías reparadas en la capital al poco tiempo de realizado el
trabajo comienzan a deteriorarse, lo que evidencia la mala calidad con que
realizan las obras, las violaciones técnicas en que incurren los
encargados de hacerlas y el consiguiente despilfarro de los magros recursos que
dispone el país.
La capital cuenta con una red vial, según datos oficiales, de casi
veinte millones de metros cuadrados, de los cuales el 74 por ciento requiere
trabajos de reacondicionamiento con diferentes grados de complejidad. Bajo las
calles habaneras existen siete mil quinientos kilómetros de redes de
acueductos, alcantarillado, drenaje, gas, teléfono y electricidad. La
generalidad de ellas llevan alrededor de 41 años sin mantenimiento
alguno. Las tres primeras tienen más de siete décadas sin que se
les dedique ni una mirada de odio.
Más del 50 por ciento de los planteamientos de la población al
gobierno y que siguen acumulándose sin ningún tipo de solución
están relacionados con el tema, afirmó recientemente Conrado Martínez
Corona, presidente de la Asamblea del Poder Popular de la provincia.
Argumentan muchos delegados de circunscripción que las reparaciones
demandan casi el doble de la mezcla asfáltica asignada a la provincia
este año y aumentarla implicará elevar el consumo de petróleo
que a los precios actuales está fuera de las posibilidades reales del país.
Lo cierto es que los residentes de la capital tendremos que acostumbrarnos a
vivir en esta situación. Por lo visto, las autoridades cubanas están
poniendo el parche antes de que salga la llaga y se declaran incapaces de
resolver los problemas más elementales de mantenimiento y reparación
que requiere una urbe moderna con más de dos millones de residentes
permanentes.
La realidad nos indica que podremos andar La Habana, pero con cuidado, mucho
cuidado. La próxima recomendación que le haga el gobierno
provincial a la población del territorio pudiera ser que pasen cursos de
carreras con obstáculos en el centro de alto rendimiento deportivo "Cerro
Pelado", para que el habanero de a pie pueda desplazarse por su ciudad sin
riesgo a despatarrarse en cualquier esquina en penumbras.
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