De vuelta a las bicicletas
Víctor Rolando Arroyo, UPECI
PINAR DEL RIO, octubre - Cuántas anécdotas rodean el auge ciclístico
de los años 90. Humor y tristeza se entrelazan y ya son parte de la
historia de este país.
Hoy resurge la necesidad de conseguir a toda costa el vehículo: la
promesa de inundar el país con ciclos que sustituyeran las carencias de
transporte quedó en lo que otras necesidades, sólo promesas.
La espiral en la crisis que vive el país vuelve a poner de moda el
tema de las bici. Hoy, con el amargo sabor de la duda en cuanto a que esto
constituya una solución.
El rechazo social se origina en la pésima calidad de los modelos
vendidos a la población. De origen chino, los ciclos pesan mucho más
de lo que desean los cubanos, y lo engorroso de su mecanismo se conjuga con la
perenne escasez de repuestos y con el triste aval de los altos precios de las
piezas.
El país produce y exporta modelos avanzados, que no están al
alcance del cubano común, lo que refuerza el sentimiento de discriminación
de los autóctonos.
Lo que se perfiló como política estatal, la introducción
masiva de bicicletas, ha devenido en un lucrativo negocio en el mercado negro,
pues allí se encuentran los deficitarios e imprescindibles repuestos que
el régimen prometió hacer llegar a precios módicos a los
necesitados.
El propio régimen, ni corto ni perezoso, creó una cadena de
tiendas, que a precios diferenciados (léase de tres a cinco veces su
precio), se encargaría de suministrar el producto. Proyecto que hoy
languidece. Ni siquiera los sindicatos oficiales, adictos a exigir sacrificios
al obrero cubano, lograron hacer perdurable un suministro estable y a precios
justos de piezas y accesorios a quienes pedalean decenas de kilómetros
para cumplir con sus obligaciones laborales.
Encima de todo esto, el luto está presente en no pocos hogares
cubanos, pues la red vial del país no fue capaz de asimilar tal avalancha
de bicis sin tomar su alta cuota de lesionados y fallecidos. No se creó
previamente las indispensables sendas prioritarias para ciclistas.
Tal vez al pensar en estas evidencias algunos pícaros cubanos sonrían
y se autoreconozcan como precoces pensadores, pues optaron por cambiar su
bicicleta por alimentos que por lo menos trajeron algunos gratos momentos a sus
vidas.
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