Fernando López.
La Nación Line. Octubre 5,
2000
"Lista de espera" (Idem, Cuba-España-Francia-México/2000,
color). Presentada por Alfa Films. Dirección: Juan Carlos Tabío.
Con Vladimir Cruz, Thaimi Alvariño, Jorge Perugorría. Saturnino
García, Alina Rodríguez, Antonio Valero, Noel García. Guión:
Juan Carlos Tabío y Aruto Arango, con la colaboración de Senel
Paz, sobre la base de un cuento de ARango. Fotografía: Hans Burmann. Música:
José María Vittier. Montaje: Carmen Frías. Duración:
107 minutos. Nuestra opinión: buena.
Entre todos los aspirantes a viajeros que han quedado varados en esta
semiabandonada terminal cubana por culpa de un ómnibus quebrado y un
servicio de transportes bastante enclenque, hay una señora que recuerda
una película en la que pasaba algo parecido: había un montón
de gente encerrada en un lugar del que no podían salir.
La referencia a "El ángel exterminador" es bastante
directa, pero conviene olvidarla pronto porque hay un abismo entre aquella
claustrofobia metafórica en la que Buñuel desnudaba los verdades
secretas de una clase social y esta fábula simpática,
bienintencionada e ingenua, sobrecargada de guiños alegóricos.
Por eso mismo, tampoco favorece a "Lista de espera", pendiente
como está de su mensaje aleccionador, que se la juzgue como una especie
de réplica del film de Buñuel. Es preferible disimular su tono didáctico,
disfrutar de su humor, de su frescura y de su espíritu solidario y
dejarse contagiar por el buen ánimo que muestran los cubanos para
enfrentar contratiempos y penurias.
Hace falta tenerlo, por ejemplo, para sobrellevar la espera interminable que
padecen los protagonistas del cuento. Unos quieren ir a La Habana; los otros, a
Santiago, pero en la deteriorada estación de la costa central los ómnibus
escasean tanto como las comodidades. Viene uno y ni se detiene. Está por
salir el único que queda de repuesto, y el motor claudica. La burocracia
vigila el cumplimiento de las normas, pero nunca brinda respuestas.
Llegan la noche, la lluvia, el hambre. ¿Qué otro camino queda
sino la solidaridad y la autogestión?
Hay que encontrar la solución entre todos, y todos pueden aportar
algo. Está el ingeniero que quiere regresar al campo, la chica linda a
punto de casarse con un español y abandonar la isla, el ciego cuya
infinita intuición se hace sospechosa, la experta que sabe improvisar un
caldito con unos yuyos, unas cuantas mujeres que se las ingenian para organizar
la convivencia y unos cuantos hombres dispuestos a reactivar el motor rebelde.
Hasta el administrador de la terminal pone manos a la obra, y ésta va
haciéndose más y más ambiciosa cuando lo que parecía
una situación pasajera se prolonga más de la cuenta y la terminal
deviene residencia común, con todas las derivaciones imaginables, amor
incluido.
Demasiado explícito
La lección está clara: imaginación, voluntad, esfuerzo
y espíritu fraterno bastan para superar obstáculos. No hay que
esperar ayuda extra ni confiar en los burócratas. Y hasta es posible soñar
entre todos un mundo armonioso, modesto, tolerante y feliz.
La fábula es, como se ve, sencilla y noble, aunque su mensaje
moralizador resulta demasiado explícito y bastante insistente. No hay
situación de la película en la que no se haga visible la alusión
a la situación sociopolítica de Cuba, desde la discusión
sobre quedarse o emigrar hasta la ligera crítica a los funcionarios de última
línea; así, el progreso de la historia queda un poco preso de esa
necesidad alegórica.
Pero, por fortuna, no es difícil establecer una franca corriente
afectiva con los personajes, la mayoría de los cuales se ven beneficiados
por el carisma y la desenvoltura de los actores, entre ellos Jorge Perugorría
y Vladimir Cruz -los dos protagonistas de "Fresa y chocolate"- y la
atractiva Thaimi Alvariño. A tales incentivos puede sumarse el humor (que
abunda sobre todo en los diálogos), un ritmo que se mantiene casi siempre
vivaz y una imagen generosa en color local, con lo que los embates discursivos
del film pueden sobrellevarse sin mayor esfuerzo.
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