Bajo un régimen opresivo, pero
libres e independientes
Rafael Contreras
PINAR DEL RIO, octubre - Un vecino me criticó porque soy periodista
independiente. Me dijo que no tenía necesidad de estar en esta actividad
y que en Cuba hay prensa libre. Al parecer, él no sabe nada en cuanto a
los conceptos libertad e independencia.
Le expliqué que desde que me decidí a ser periodista
independiente yo me siento más realizado, soy verdaderamente un hombre
libre en el sentido que despojé mis palabras de ataduras y mi criterio es
leído por gente que pueden debatir sin temores lo que expongo.
Pero, además, puedo escribir la verdad de estos tiempos -como yo la
percibo- y, muy importante, que sea publicada.
Vale decir que como periodista independiente asumo riesgos, pero tengo plena
seguridad de que son riesgos bien asumidos.
Mi vecino cada día está más preso. Labora en un periódico
local como cronista, y apenas se da cuenta que ya no tiene palabras para
escribir sus artículos, que son revisados dos y tres veces por alguien
que milita en el Partido Comunista. Una observación: si usted es miembro
de ese partido puede ser director de un periódico o editor. Nada importa
que no sea periodista o no sepa distinguir entre una crónica o un
reportaje, lo que interesa es que usted sea "revolucionario" y que
apoye los dictámenes del régimen imperante.
Lo que mi vecino ignora es que los revolucionarios somos nosotros, los
periodistas independientes, porque entre las acepciones del vocablo
revolucionario se puede citar: "que procura cambios".
Le dije a mi vecino que me considero un procurador de cambio y, también,
un rebelde, porque no acato las leyes injustas que en nuestro país
amordazan la libre difusión de las ideas -interprétese Ley 88.
Lo cierto es que amparados en la palabra "revolucionario" se han
cometido tantos abusos que casi la han prostituido en Cuba. Pero me siento bien
cuando me llaman independiente, opositor, disidente.
Mi vecino, sin saberlo, es un prisionero. Tiene que escribir "sí"
donde debiera expresar "no". Por un salario de miseria soporta el
confinamiento de su derecho a la libre expresión y publicación del
pensamiento, y no se percata que también se va quedando mudo. No sabe
tampoco mi vecino que un hombre en Cuba jamás será libre mientras
esté en el poder un régimen que pone ataduras a los criterios de
los ciudadanos.
Mi vecino se aleja, y de sobra yo sé que no lo he convencido. El
tiene derecho a pensar como quiera, pero antes que él se marchara le
sugerí que me deje ser como soy y pensar como yo pienso, porque mis
colegas de la prensa independiente y yo nos sentimos verdaderamente libres
aunque sobrevivimos bajo un régimen opresivo.
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