La soportable ligereza del choteo
Lucas Garve, CPI
LA HABANA, octubre - Choteo es una palabra casi desaparecida en Cuba.
Fernando Ortiz, sabio, polígrafo, la recogió en el Nuevo Catauro
de cubanismos para guardarla: Choteo. "Burla de palabra", sin parar
analizó la etimología de la palabra "choteo" y se atrevió
a chotear a la doctísima Academia cuando anotó: "Su etimología,
según la Academia, proviene de choto. Nos parece algo arbitraria, pues
ninguna de las acepciones de esta voz castellana explica la acción
despectiva del choteo. La Academia supone que el vocablo procede de choto o "cría
de la cabra mientras mama". Tal etimología es del todo inverosímil.
Si la doctísima corporación española no nos mereciera altos
respetos, diríamos que tal era una etimología de choteo". Y
finaliza el análisis del origen de la palabra con la fuente que le parece
más verosímil, la procedencia del vocablo lucumí o yoruba "soh
o chot", que según el sabio Ortiz, significa "hablar", "decir",
además de "tirar", "arrancar", "arrojar", más
armónico con el sentido despectivo del cubanísimo "choteo".
Hoy acá se emplea un giro verbal "dar cuero", que vino a
ocupar el campo de significación que ayer cubría choteo.
Pero choteo goza a todas luces de la importancia significativa de
identificar un rasgo característico del cubano. ¿Qué cubano
no ha empleado el choteo como puerta de escape o como vehículo de la más
mordaz de las ironías? Desde "buche y pluma na´ma ere tú",
"Cuca la gamba'", "Cabeza e´coco", hasta el más
actual "más rollo que película", la frase oportuna sobre
la que cabalga airoso el choteo corta el aliento del pesa'o con una facilidad sólo
otorgada al afilado cuchillo del matarife.
La más agria de las discusiones se cierra con el choteo implacable y
que una mente ágil instala entre los contendientes. La más grave
de las situaciones esconde en su reverso una puerta de salida al choteo. No hay
mejor antídoto contra el veneno de la agobiante uniformidad que el
choteo.
Choteo, dar cuero, o como se le llame mañana mismo, es una actitud
ante la vida en la Isla. Un desafío en sí a la acidez digestiva
implícita en las decisiones que bastante aman tomar los burócratas
con ese afán totalizador tan suyo.
El choteo pues convierte en una cascada de risa la lengua de palo del
discurso oficial. ¿Existe algo más estremecedor que la sonora
carcajada del cubano?
Por no comprender esto, muchos tratan de explicarse cómo se puede
vivir en Cuba y reírse al mismo tiempo. Fácil, gracias a la
soportable ligereza del choteo.
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