CUBANET ...INDEPENDIENTE

19 de mayo, 2000



Marabú se fue al congreso

Claudia Márquez Linares, Grupo de Trabajo Decoro

LA HABANA, mayo - Culminó en La Habana el Noveno Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños ANAP, organización que pretende agrupar y dirigir a todos los campesinos privados del país, bajo el auspicio del Partido Comunista.

Con el fin de beneficiar al campesinado cubano, se promulgó la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959. La situación no era la más satisfactoria, dada la existencia de vastos latifundios, buen número de ellos en manos de propietarios extranjeros.

En uno de sus principales postulados, la Ley de Reforma Agraria prometía la "adecuada distribución de la tierra entre gran número de pequeños propietarios y agricultores"; hoy día, el 75% de la tierra se encuentra en manos del Estado. Sólo hubo un cambio de latifundista.

En cuarenta años, el campesino no ha logrado ser dueño de lo que produce, la ANAP decide el precio del producto de su trabajo. Un ejemplo elocuente lo constituye el tabaco. Una caja de Lanceros de la marca Cohiba cuesta 310.40 dólares, y el veguero recibe por un quintal de tabaco de primera, del cual se obtienen aproximadamente 120 cajas de 25 tabacos cada una el equivalente a 8 dólares.

Uno de los aspectos más depauperados en la economía cubana ha sido la ganadería. En 1958 existían alrededor de ocho millones de cabezas de ganado, además de un equilibrio entre el crecimiento poblacional y la ganadería.

Actualmente, según cifras oficiales, alrededor de 80 mil caballerías se encuentran cubiertas de marabú, a pesar de las constantes movilizaciones estudiantiles para eliminar este terrible mal, que afecta al 78% de los suelos cultivables en manos del estado.

De la vaca, lo único que dispone el campesino es de la leche. No se le permite ni siquiera comerse un añojo, y si pretende vender, el comprador es el Estado, que le impone el precio del animal, y éste no excede de 33 centavos moneda nacional, la libra.

Los dirigentes anapistas insisten en que el hurto y sacrificio de ganado mayor de manera ilegal constituye la causa fundamental que impide que el pueblo coma carne. Paradójicamente, mientras mayor es la sanción a esta figura delictiva del Código Penal cubano, en la mesa del cubano se ha extinguido la apreciada carne de res.

El tenedor de ganado encuentra menos estímulo para realizar su labor con eficiencia. Si se le pierde un animal, el decreto-ley 225 prevee multas hasta de 500 pesos.

El cobro por parte del Estado de los servicios veterinarios y las medicinas, en dólares estadounidenses, dificultan el mantenimiento de la salud del animal.

Estas medidas han propiciado únicamente el éxodo del campo a la ciudad, pues el nivel de vida de los campesinos ha descendido vertiginosamente. Muchos poblados se ven privados de artículos de primera necesidad, como el huevo y la leche.

La centralización de nuestra economía ha dado al traste con la alimentación de la población. Mientras continúe prevaleciendo el criterio de que la preparación político-ideológica del campesinado es lo que garantizará el desarrollo, dentro de unos años habremos retrocedido a los tiempos de la horda primitiva.



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