CUBANET ...INDEPENDIENTE

30 de marzo, 2000



Globalización y derechos... vía Internet

Lázaro Raúl González, CPI

HERRADURA, marzo - Por mera curiosidad me he interesado últimamente por saber qué piensan mis conciudadanos acerca del creciente proceso de globalización que vive el planeta Tierra. Y si me interesaba en el tema no era para medir su grado de conocimiento, sino para aprender yo mismo algo al respecto.

Desafortunadamente, la gran mayoría está tan desinformada como yo, e incluso peor. ¿Seremos acaso los guajiros más seborucos de toda la isla? De cualquier modo sacaré la cara por los demás exponiendo algunas consideraciones de la tal globalización, bastante desconocida en Cuba, tanto en el plano teórico como en el terreno vivencial.

Habría que empezar por establecer que las pocas noticias que por acá se tienen de la globalización provienen de los medios informativos, que en Cuba son todos propiedad del gobierno. Esa información poco menos que sataniza la globalización, destacando siempre sus más nefastas aristas y consecuencias, e ignorando lógicamente casi todos los aspectos positivos que pudiesen derivar de ella.

De modo que para evitar el resto de las contaminaciones -culturales, económicas y políticas- el gobierno de Cuba empieza por evitar la globalización de la información bloqueando simplemente el acceso de la gente común al "otro mundo" (o globo).

Y esto lo logra de la forma más elemental y privativa: en Cuba nadie, fuera de alguna entidad estatal o funcionario oficial, puede poseer una computadora y mucho menos conectarla a Internet. De esta manera se despanzurra el caballo y se torpedea el barco a los probables cibernautas. Alejandro sin Bucéfalo no hubiera ido hasta la India ni hubiera habido helenización. Colón sin Niña ni Pinta no hubiese "globalizado" América. Y sin computadoras e Internet no podemos los cubanos invadir o explorar otras tierras del orbe, ni tampoco ser "invadidos" ni "explorados", quedando así sin boletos para un viaje gratis a la humana aldea. Por este camino, de tan perfecto modo incomunicados del resto de los terrícolas, quizás dentro de unos años los cubanos podamos reclamar el derecho exclusivo de ser considerados "marcianos" en la Tierra.

¿Será posible que nos ganemos el premio al más perfecto aislamiento tecnológico? Si China y Norcorea no aprietan el paso, es muy probable que sí, la decisión del gobierno cubano de mantener al pueblo al margen de todo el volumen de humanidad y conocimiento que circulan por las autopistas de la información impidiendo el acceso libre a la Internet demuestra, amén de su vocación totalitaria, su oportunismo histórico.

Porque mientras un especialista común, o un campesino, carecen de información necesaria en su campo, que podrían obtener en Internet si tuvieran acceso, el gobierno abre tantas páginas Web cuantas quiere, nutriéndolas al por mayor con rica metralla ideológica. El gobierno, una vez más exégeta infalible, ha discernido que Internet podría ser nociva para las grandes masas populares y ha decidido conservarlas impolutas, lo cual es de presumir que a la larga sea tan imposible como detener el tiempo.

La globalización de este planeta no se hizo sólo en las dos últimas décadas del siglo XX. Hace ya cientos e incluso miles de años cuando movieron bienes, ideas, idiomas, etnias y culturas, César, Alejandro, Gengis Khan, Magallanes, Galileo y Colón estaban ya trazando los caminos que harían de los terrícolas los tipos más intercomunicados de que se tenga noticias. Con teléfonos, ondas hertzianas, faxes, satélites e Internet, lo que últimamente se ha conseguido es masificar y democratizar las interrelaciones entre los inquilinos del planeta. El mundo está ahora cubierto por una red de telecomunicaciones que transmite información (¡conocimiento!) de todo tipo a la velocidad de la luz, que está cada día al acceso de más gente.

Sería irracional tratar de mantener al pueblo cubano ajeno al fenómeno de la modernidad. Tecnología no es un término antagónico, sino más bien hijo legítimo, de humanidad. Indudablemente Internet no sólo sirve para efectuar transacciones comerciales, sino que al través de ella se hace más fluido y masivo el caudal de intercambio de sentimientos que ahora mismo anima a la raza humana. Siempre en busca de ellos en su largo andar, Internet significa un atajo más para el abrazo de los humanos. Internet puede ser un puente de acceso a la solidaridad al cual los cubanos, hijos mismos de globalizaciones pasadas, debemos estar conectados. Es un derecho que no sólo debemos sino que también merecemos disfrutar. Y ahora que se ha puesto de moda calcular cuántos miles de millones hemos perdido por esto y aquello otro, parece pertinente terminar abriendo dos interrogantes.

¿Cuánto nos cuesta prescindir de Internet? Y para dejar de perder y empezar a ganar, ¿por qué no se venden computadoras y se facilita el acceso masivo y directo a la red global de comunicaciones?



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