El régimen se rearma ideológicamente e intenta borrar la profunda huella que está dejando el dólar en la isla
En siete meses, el Gobierno ha detenido a 262 disidentes y empezado a desmantelar negocios particulares
LA HABANA. Enviado especial. Xavier Mas De Xaxàs. La Vanguardia Digital- 03:00 horas - 03/07/2000
Después de dividir a la CasaBlanca, causar estragos en el exilio cubano y cambiar la percepción de los estadounidenses hacia Cuba, hasta el extremo de que el Congreso está a punto de relajar el embargo, el caso del pequeño Elián González ha revitalizado
el régimen castrista y le ha dado un nuevo rumbo. De la mano del niño balsero Cuba entra en la era post-Elián, una época que se va a caracterizar por el rearme ideológico y el freno a la iniciativa privada.
Elián naufragó frente a las costas de Florida el pasado mes de noviembre y regresó a La Habana hace cinco días. Durante estos siete meses la revolución cubana ha dado un fuerte golpe de timón. Ha detenido a 262 disidentes en la ofensiva más
importante de la última década, ha empezado a desmantelar los negocios particulares y ha reforzado las bases ideológicas para impedir que el compañero dólar siga jugando a la contra.
Hace diez días, en el diario "Granma", el órgano oficial del Partido Comunista, Fidel Castro dijo una frase que resume la nueva estrategia: "No hemos intentado cometer la estupidez de adaptar Cuba al caótico mundo actual y su filosofía. Lo que hicimos
fue adaptar sus realidades a las nuestras".
Aprovechar lo más útil del mundo occidental y rechazar lo que es perjudicial para la revolución es algo que los islamistas moderados están haciendo desde hace muchos años. Castro, copiando este modelo, ha encontrado una nueva manera de legitimar el régimen.
Su objetivo es que Cuba sea un oasis de espiritualidad y cultura en un mundo cada día más deshumanizado por culpa de la globalización. Que haya turismo, por ejemplo, pero sin los vicios de droga, juego y prostitución que suelen acompañarlo.
Castro cree, como opina la izquierda europea, que el respeto a los derechos humanos es incompatible con la globalización. Habla de defender la democracia y los derechos del hombre, a pesar de que la ONU considera que su régimen es uno de los que más los viola: los presos de
conciencia (algunos llevan 30 años en la cárcel) rondan los 300.
En la Cuba pre-Elián, el dólar, que fue introducido en agosto de 1993, había robado mucho terreno ideológico al partido. El cubano, con su tradicional iniciativa, había aprendido a pensar en términos monetarios. La utópica sociedad socialista de
una sola clase proletaria se diluía. La gente quería y sigue queriendo salir de Cuba: más de medio millón de personas se apuntan cada año a la lotería para conseguir uno de los 20.000 visados que regala el Gobierno de EE.UU.
Entonces llegaron las movilizaciones a favor del regreso de Elián, las más importantes que ha habido, por su frecuencia e intensidad, desde el final de la década de los ochenta. En enero se construyó, frente a la sección de intereses de Estados Unidos, en el
Malecón, un "protestódromo".
Castro, siguiendo el "culebrón" Elián a través de la televisión estadounidense, aprendió, a sus 73 años, que las noticias, gracias a Internet y los satélites, se pueden mover muy rápido. Los cubanos de a pie no pueden conectarse a
Internet -sólo está en universidades y empresas- pero, por primera vez, han podido ver imágenes en directo de la CNN sin editar. El régimen, consciente de que ya no basta decir que el imperialismo es malo, ha aprendido a sacar más partido a los medios de comunicación.
Con movilizaciones masivas y un for-talecimiento de la televisión como arma de propaganda ideológica, Castro ha conseguido aumentar el número de afiliados a las juventudes comunistas y también al partido.Este rearme ideológico intentará frenar el
materialismo y borrar, en parte, la profunda huella que está dejando el dólar, sobre todo en La Habana y los centros turísticos. El cierre de paladares (restaurantes particulares) y de todo tipo de negocios privados se ha disparado. Castro quiere que la gente vuelva a trabajar
para el Estado. Al cortar la iniciativa privada, facilita el control de la sociedad.
Elián ha regresado a una Cuba mucho más castrista que la que dejó cuando su madre se lo jugó todo para ir a vivir a Miami.
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