Por Patrick Riley. Fox en Español 10 de abril, 2000
NUEVA YORK Ninoska Pérez, una de las cubano-americanas del sur de la Florida más reconocidas, percibe una sólida unidad y una fuerza extraordinaria en la decisión de su comunidad de mantener a Elián en los Estados Unidos.
"Esta es una comunidad compuesta por víctimas de la dictadura de Fidel Castro, tratando de evitar que el niño sea devuelto a ese mismo infierno del que la mayoría de nosotros ha escapado", dijo Pérez, miembro del directorio y portavoz de la Fundación
Nacional Cubano Americana (CANF), por décadas la más poderosa agrupación de cubanos exiliados en los Estados Unidos.
La CANF y otros grupos han asumido un rol activo en la historia de Elián, que incluyen amenazas de agitación civil si el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) cumple con su promesa de reunir al niño con su padre y les permite regresar juntos a Cuba.
Los activistas han amenazado con cerrar el Aeropuerto Internacional de Miami o formar una cadena humana alrededor de la casa donde Elián se está quedando.
Pero según los expertos, las diferentes realidades al interior de la comunidad unos 750.000 cubano-americanos en el sur de la Florida dan lugar a un rango mucho más complejo de opiniones e ideas.
"Es una escena política bien bizantina", dijo Terry McCoy, director de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Florida.
"Nadie habla con una sola voz por la comunidad cubano-americana", concuerda Bob Guild, un activista de la comunidad cubano-americana de Nueva Jersey y empleado de la agencia de viajes Marazul, que organiza grupos turísticos a Cuba. "Está dividida como todas las demás
comunidades".
Entre los grupos que se han opuesto a participar en desórdenes civiles está el Movimiento Democracia, dirigido por Ramón Saúl Sánchez, un ex miembro del grupo militante de exiliados Alpha 66, cuyo periodo de mayor actividad se dio a inicios de los años
70.
En días recientes, Sánchez ha urgido a sus seguidores recurrir sólo a medios de protesta pacíficos, una postura que adoptó a finales de los 80 después de pasar cuatro años y medio de cárcel por negarse a confesar ante un gran jurado lo que
sabía acerca de los planes de asesinar al embajador de Cuba ante las Naciones Unidas.
Su grupo, de cinco años de antigüedad y 400 miembros, ha participado en actos tales como el traslado de flotas a aguas fronterizas cubanas para protestar contra el régimen de Castro. La primera incursión del grupo atravesó la frontera internacional y su bote fue
atacado por un buque de la armada cubana.
CANF, que dice tener 500.000 miembros, también ha estado involucrado en las protestas de la Pequeña Habana. Pero de acuerdo a varios reportes, el grupo ha pasado por diferentes crisis de identidad desde la muerte en 1997 de Jorge Mas Canosa. El carismático Mas Canosa estaba
muy vinculado al gobierno de Reagan, el cual ayudó a convertir a la comunidad cubano-americana en una poderosa fuerza política y económica.
El grupo ha cedido al menos parte del protagonismo en esta lucha a las tácticas del Movimiento Democrático, una señal que algunos en el sur de la Florida ven como representativa de un cambio en el sentir popular.
"Se podría pensar que la gente que puede hacer las llamadas telefónicas en Washington es más efectiva, pero en este caso no ha sido así", dijo Lisandro Pérez, director de Instituto de Investigación Cubana de la Universidad Internacional de
Florida. "Supongo que lo único que queda por hacer es lo que sea que se vaya a hacer en las calles".
En las protestas en el exterior de la casa del tío abuelo de Elián podrá haber un grupo de manifestantes que quieren que el niño se quede en los Estados Unidos, pero no son miembros de CANF o el Movimiento Democrático. Asimismo, puede que muchos de los
cubano-americanos que se han mantenido lejos de aquellas protestas estén en desacuerdo con que Elián se quede en los Estados Unidos.
Por lo menos un grupo que no está participando en las protestas, Cambio Cubano, dice que cree que el niño debe reencontrarse con su padre y que no es algo que el gobierno deba decidir.
Según los observadores, más propensos a adoptar esta posición son los cubanos de segunda generación e incluso aquellos recién llegados, que tienden a ver a la Cuba de Castro con un cristal distinto al de las generaciones mayores. Estos cubano-americanos más
jóvenes, dicen algunos, están abiertos a la idea de poner fin al embargo y promover la democracía a través de un intercambio cultural y financiero.
"Yo creo que hay una división en la comunidad cubana entre la gente más joven ellos están más dispuestos a adaptarse", dijo Michael Ratner, vocero del Centro de Estudios Cubanos. "Muchos de ellos probablemente quieren regresar y visitar a sus
parientes más a menudo y enviarles dinero".
Ninoska Pérez está en desacuerdo, alegando que la generación más joven ha adoptado la línea dura de sus mayores.
"A pesar de que Castro ha estado en el poder por 40 años, los que han nacido aquí no se han olvidado de hay una isla a 90 millas de los Estados Unidos que aún vive sometida a una dictadura", dijo.
Como quiera que sea, otros sugieren que los esfuerzos de algunos grupos cubano-americanos en Miami podrían consolidar apoyo al interior de sus filas, pero a costo de perder una mayor llegada a lo largo del país.
"Es probable que se fortalezcan internamente, al interior de su propia comunidad", dijo Thomas G. Paterson, profesor emérito de Universidad de Conecticut. "Nacionalmente aparecen como muy centrados en sí mismos de hecho, les importa muy poco este niño
porque ni siquiera lo han dejado dormir en paz en su casa de Miami
Su imagen está deslucida". |